En la madrugada del pasado 20 de marzo comenzó el largamente anunciado ataque contra Iraq, una lluvia de bombas que sigue cayendo sobre el pueblo iraquí y que, cuando esto se escribe, lleva más de un centenar de muertos e innumerables heridos. La acción militar emprendida por la Administración Bush, junto al Gobierno Blair y que cuenta también con la participación activa del Gobierno de Aznar, es una agresión injusta e ilegal que viola gravemente la Carta de Naciones Unidas. Para la acción de declarar una guerra que masacrará miles de vidas, además del destrozo causado en la frágil estructura de los organismos internacionales -también en la UE- Bush, Blair y Aznar, autoconstituidos en salvadores del mundo, no han dudado en tomar decisiones contrarias a la opinión de una mayoría de ciudadanos y ciudadanas del mundo, que asisten perplejos y con rabia a las dramáticas consecuencias del absolutismo de quienes difícilmente pueden seguir llamándose líderes.
A lo largo de todos estos meses, en un intento de manipulación mediática sin precedentes, los impulsores de esta guerra han ido modificando sus argumentos. Pese a su régimen dictatorial, desde hace más de una década Iraq no había llevado a cabo ningún acto de agresión contra otro país y tampoco había signos de que fuera a emprenderlo a medio o largo plazo. Su conexión con los atentados del 11 de septiembre o con grupos terroristas de otros países, siempre ha carecido de base real
y el incumplimiento de las resoluciones de Naciones Unidas olvida las 32 resoluciones que, desde 1968, fueron incumplidas por Israel, algunas de gravedad como las referidas a las deportaciones y la situación de la población en los territorios ocupados; las 24 de Turquía, sobre la situación en Chipre; las 16 de Marruecos, sobre el Sáhara, y las que sobre diversos temas fueron desoídas por países como Sudán, Rusia, Indonesia, Croacia, India y Pakistán.
Otro argumento fue la posesión por parte de Iraq de armas de destrucción masiva. Si realmente el desarme iraquí hubiera sido el objetivo, el trabajo de los inspec-tores era una vía pacífica para alcanzarlo, truncada jus-to en el momento que estaba empezando a dar sus frutos. Para una política seria de desarme, hubieran sido más creíbles propuestas más amplias y mesuradas como la concertación de un acuerdo regional para convertir a Oriente Próximo en una Zona Libre de Armas de Destrucción Masiva, con inclusión del material nuclear, químico y bacteriológico. Es bien conocido que Israel posee armas nucleares y que Irán tiene también un programa nuclear en marcha.
Finalmente, también se apeló a la democratización de la zona. El ultimátum de las Azores, tras fracasar las prácticas de chantaje efectuadas sobre países como Turquía, México y Angola, para lograr su apoyo en el Consejo de Seguridad, pondría al descubierto el auténtico objetivo perseguido: imponer la hegemonía de Estados Unidos en el resto del mundo, relegando a un segundo plano a Europa, al sis-tema multilateral de Naciones Unidas y a los países del Sur; e incrementar el control geoestratégico sobre una zona rica en petróleo. Por debajo, subyace una visión del mundo como jungla donde primarían las amenazas del terrorismo internacional y los estados canallas, y ante las que sólo el poderío militar estadounidense puede imponer un orden. Esta visión, defendida por ideólogos como R. Kagan, chocaría con la percepción europea, que sitúa las amenazas en problemas estructurales como la pobreza extrema y el hambre, la desigualdad y la injusticia, la sostenibilidad del medio ambiente, determinadas enfermedades, y una seguridad basada en el desarrollo humano.
Mientras tanto, la esperanza está constituida por la emergencia de un nuevo actor político en la escena global: los millones de ciudadanos y ciudadanas del mundo que salieron a la calle para que este ataque no tuviera lugar y que siguen saliendo para detenerlo. La conciencia del desprecio hacia la vida humana que anida en la realpolitik alimenta esta protesta. Se exige que la defensa de la vida sea colocada en el centro de la política, lo que no equivale a su utilización retórica en los discursos. Habremos de tener perseverancia. Desaprender y deslegitimar la guerra es un proceso lento. Pero no tiene por qué ser imposible.
Carmen Magallón Portolés. Directora de la Fundación Seminario de Investigación para la Paz
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CAF, Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles
Tranvías y coches de viajeros
En 1971, la Compañía Auxiliar de Ferrocarriles, de Beasaín (Guipúzcoa), absorbió a la empresa Material Móvil y Construcciones, que había sido fundada en Zaragoza en 1897 con el nombre de Talleres Carde y Escoriaza. La nueva sociedad pasó a llamarse Construcciones y Auxiliar de Ferrocarriles (CAF), y ha mantenido desde entonces una sede y una importante presencia en la capital del Ebro.
Texto: Mari Sancho Menjón
Documentación: Isabel Soria
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Reconocimiento de un autor y una obra tras 755 añosz
Fernando García Mercadal y el Rincón de Goya en Zaragoza
El mes de abril del año 2003 constituye un motivo especial para el recuerdo, al cumplirse el 75 aniversario de la inauguración de una de las principales obras arquitectónicas de nuestra ciudad
y de nuestro país. Obra olvidada y muy criticada desde su origen, el Rincón de Goya, chocó frontalmente con la arquitectura historicista, ecléctica, y hasta casticista que se daba en la ciudad. Pero incluso hoy, muchos años después, su concepto resulta de difícil implantación y se han tenido que socavar los principios tradicionales establecidos, para conseguir una correcta valoración de esta obra y de su autor, que puede considerarse como la principal figura aragonesa de la arquitectura del s. XX.
Carlos Buil Guallar. Historiador del Arte
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Otras represiones en el Aragón de guerra y posguerra
El pasado oculto. Fascismo y violencia en Aragón, es con toda seguridad el libro más citado entre los autores que se han dedicado al estudio de la represión franquista1. Su punto de partida, la revisión de las cifras de los fusilados por las tropas y poderes nacionales durante la guerra civil y la posguerra, para incidir con ello en el carácter coercitivo e impositivo de la dictadura de Franco, era continuación de la metodología establecida por otros trabajos, mas introdujo una serie de novedades (sobre todo sus premisas teóricas, cristalizadas en su introducción comparativa) que abrieron nuevas puertas a la investigación2. Así, paulatinamente los estudios cuantitativos y/o políticos sobre la represión franquista están dejando paso al análisis de las que generalmente llamamos otras represiones, cuyo estudio está siendo aprovechado por la creciente sed de memoria que ha puesto a España en la mirilla de muchas naciones extranjeras (sorprendidas por el fuerte reflujo de memoria histórica presente en los medios españoles de comunicación3), pero que tiene origen, ante todo, en un creciente interés por desvelar en clave cultural el enorme entramado de delación, atenazamiento moral y privación de libertades que implicó la multifacial represión franquista.
Javier Rodrigo. Historiador
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Los efectos de la «redención»
y la «regeneración»
A lo largo de los años, muchos hombres y mujeres han relatado cómo sus vidas quedaron marcadas por el aislamiento, la humillación, los malos tratos y el control obsesivo en las cárceles franquistas. Conocer estas vivencias terribles no sólo es fundamental para adentrarnos en la realidad intramuros de estas décadas oscuras, sino que resulta imprescindible para comprender hasta qué punto el «universo penitenciario» franquista quedó situado en el centro de esa relación de poder que los sublevados entablaron con sus enemigos, luego vencidos, en la guerra civil y la posguerra. La prisión fue, en definitiva, uno de los ejes fundamentales que articuló el tipo de dominio que se ejerció a lo largo de la pasada dictadura, y por lo tanto analizar la lógica del marco legal e institucional que la reguló a partir de 1936 resulta crucial.
Ángela Cenarro. Historiadora. Universidad de Zaragoza
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Un enclave de represión a lo largo del tiempo
La prisión de
las Capuchinas
de Barbastro
La utilización de edificios religiosos como prisiones no es nueva, dado que por su interior espaciado eran los lugares ideales para improvisar cárceles. Ante la imposibilidad de albergar a los detenidos en los calabozos, en los primeros meses de la guerra civil se tomó la decisión de habilitar los edificios religiosos incautados. Esta situación es la que dio origen a la prisión de las Capuchinas en Barbastro.
Ester Casanova. Historiadora
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Ramón Rufat,
un libertario aragonés
Ramón Rufat Llop, importante figura del movimiento anarquista español, resul-ta en la actualidad prácticamente desconocido en Aragón, su tierra natal. Pocos saben de su destacado papel como agente de los servicios secretos republicanos, de los 20 años que pasó en la cárcel tras la derrota, su papel como dirigente de la CNT en la clandestinidad, así como su intensa actividad cultural desarrollada desde su exilio en Francia. El presente artículo, así como la próxima reedición de su libro En las prisiones de España, impresionante testimonio-denuncia de la represión fascista vivida por Rufat en primera persona, pretenden ser un punto de partida para reivindicar su memoria.
José Ramón Villanueva Herrero. Historiador
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Un testimonio heterodoxo desde el corazón del terror franquista
Gumersindo de Estella: cordero entre lobos
Los ecos de los pasos de los reos hacia la muerte se apagaban de madrugada, en los pasillos y patios de las prisiones franquistas, sólo para ser acallados al alba por el incivil estruendo
de los fusiles, trizando las carnes y las conciencias. Desde el epicentro de esta vorágine de horror, atrapada por la repetición cotidiana de la injusticia, las súplicas, la desesperación y el tiro de gracia, nos llega la voz de Gumersindo de Estella. Este sacerdote capuchino asistió voluntariamente a más de trescientos reos de muerte de la zaragozana cárcel de Torrero, tan sólo entre julio de 1938 y mayo de 1940, describiendo muchas de sus experiencias y conversaciones con ellos en su diario personal. Este diario le serviría, en 1945, para redactar Mis memorias sobre "Tres años de asistencia espiritual a los reos", documento de próxima aparición (Fusilamientos en Zaragoza, 1936-1940, Mira editores) que Gumersindo de Estella (Martín Zubeldía Inda, Estella, 1880-Pamplona, 1974) mantuvo oculto por miedo a las represalias, pero que redactó con una clara vocación de testimonio para generaciones futuras.
Iván Ramos Fernández. Historiador
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Represión y
archivos
Represión y archivos son términos que se asocian en la mente de quien reflexione mínimamente sobre un régimen polí-
tico en el que la libertad no sea elemento sustancial. Cualquier política de tipo represivo tiene como sustento de su actividad una cadena de elementos que facilitan información sobre individuos, grupos y actividades considerados disidentes a los que hay que controlar. Estos elementos no son únicamente las policías o los conocidos como «servicios de información», aunque nunca pueden faltar, sino que se extienden por casi toda la Administración pública, penetrando así en la sociedad y por medio de personas concretas que colaboran conscientemente o no en esta maquinaria.
Miguel Ángel Jaramillo Guerreira. Archivo Histórico Nacional. Sección Guerra Civil
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