Asentadas
ya las dos sepulturas del arzobispo Don Hernando de Aragón
y de su madre Doña Ana de Gurrea en la capilla de San
Bernardo, se encargó, el 9 de octubre de 1559, el retablo
titular de la misma a Pedro Moreto, hijo del arquitecto,
mazonero e imaginero florentino Juan de Moreto, y sin duda el
mejor escultor activo en Aragón en esos momentos, a pesar de su
juventud, ya que tan sólo tenía veintitrés años.
Se da la tremenda circunstancia de que esta magnífica obra de
alabastro sería la última del joven Moreto, ya que la
concluyó en septiembre de 1555 y murió al mes siguiente,
tras enfermar al parecer repentinamente. Como en el caso de las otras
dos obras de la capilla, el contrato lo había suscrito con el
imaginero, en nombre del arzobispo, fray Lope Marco, que conocía
bien la valía de Pedro Moreto, pues éste le había
construido su propia sepultura en el Monasterio de Veruela. No se
equivocó el abad verolense, porque dentro del excelente
conjunto de la capilla destaca claramente por su calidad el retablo de
San Bernardo.
Tipológicamente,
se trata de un retablo con estructura en tríptico, según
un esquema muy característico en la retablística
aragonesa del Renacimiento. Organizado mediante un orden corintio
de columnas anilladas y de fuste estriado sobre alto basamento, el
edificio se estructura en sotabanco, banco y cuerpo; el
tradicional ático queda sustituido por un coronamiento
con más sentido ornamental que arquitectónico, donde
destaca la serliana que interrumpe la línea
constructiva del entablamento. En los laterales del retablo se han
dispuesto dos estructuras verticales, con cuatro encasamientos, donde
se han colocado sendas galerías de personajes aúlicos y
eclesiáticos arrodillados.
El
repertorio decorativo sigue esquemas y temas de igual índole
a los de ambos sepulcros: llenando prácticamente toda la
superficie de la mazonería, se reparten motivos de máscaras,
niños, figuras desnudas, lienzos, etc.
Destaca la relevancia de las guirnaldas con bramante, los medallones
con escenas religiosas, o los carros tirados por niños.
También cabe mencionar particularmente la apretada decoración
de los fustes de las columnas donde aparecen faunos, sátiros,
águilas, avestruces, y máscaras fitomorfas.
En
cuanto a la escultura figurativa, y tanto desde el punto de
vista iconográfico, como de la calidad compositiva y del
trabajo de cincel, el retablo de San Bernando es desde luego la joya
de la capilla. En el banco, la imaginería se distribuye en tres
relieves y en los basamentos de las columnas del cuerpo del retablo.
En éstos se han colocado obispos visigodos: Eugenio,
Leandro, Isidoro e Idelfonso, como representación
de los pilares de la iglesia hispana. En los relieves intermedios se
representan las escenas de la Circuncisión, la Matanza
de los Inocentes y Jesús en el templo predicando entre
los doctores. En los casos de la primera y la tercera escenas
encontramos precedentes compositivos en los paneles del mismo tema
realizados para el Coro del Pilar de Zaragoza, en el que intervinó
el padre de Pedro Moreto, Juan de Moreto. Para la Matanza de los
Inocentes, la referencia más directa, a pesar de las
variaciones, es un grabado del italiano Marcantanio Raimondi. En este
caso destaca además el detalle de la inclusión de un
medallón con un jinete a caballo, inspirado en monedas
iberorromanas del valle del Ebro.
En
el cuerpo, en los pedestales de las columnas podemos ver cuatro tondos
con bajorrelieves de la Anunciación, Visitación,
Epifanía y la Huida a Egipto. En cuanto a las
escenas principales, en la casa central se esculpió la Visión
de San Bernardo, combinando el Milagro de la Lactancia y la
Aparición de la Virgen al Santo mientras redacta sus epístolas.
Se trata de la misma solución iconográfica que se
encuentra en un bordado de un capa guardada en la sacristía de
la vecina capilla de San Benito. La factura de la imagen central de
San Bernardo obedece a las pautas típicas del Alto
Renacimiento. En las casas laterales encontramos representaciones de
la Adoración de los Pastores y de la Presentación
del Jesus en el templo. En la Adoración de los Pastores
destaca el juego compositivo de gestos y ropajes en un movimiento escénico
de avance hacia el espectador, según un hallazgo del relieve
escultórico romano recuperado por el Renacimiento italiano.
En
la zona del ático, sobre las columnas hay cuatro figuras de
pontifices, e intercalados entre ellos, sobre las calles
laterales, sendos tondos con las figuras de María y el arcángel
San Gabriel, componiendo la escena de la Anunciación.
En el remate, al final del edificio, un relievito entre guirnaldas con
la escena del Bautismo de Cristo, y sobre él un tondo
con una representación antropomorfa de la Trinidad.
Flanqueando ambas composiciones dos figuras de santas, de las que es
posible identificar a Santa Cecilia. Sobre el tondo con la
Trinidad una figura de niño que porta las armas de Cristo:
la cruz, la lanza, los clavos y la esponja.
A
ambos lados del sepulcro se han construido sendas estructuras
verticales de encasamientos donde aparecen, como hemos señalado,
dos galerías paralelas de personajes eclesiásticos y
aúlicos. A la izquierda del espectador, y bajo un blasón
con cinco llagas y el lema "triunfus ecclesiae", se suceden
cuatro arzobispos zaragozanos, pertenecientes además a la casa
real: Juan I de Aragón (hijo natural del rey Juan II),
Alonso de Aragón (hijo natural de Fernando II),
Juan II y el propio Hernando de Aragón (ambos hijos
del arzobispo Alonso de Aragón). A la derecha del observador, y
también bajo blasón con la cruz y el lema "in hoc
signo vences" se sitúan los monarcas Alonso V el Magnánimo,
Juan II el Grande, Fernando II el Católico y el
emperador Carlos V.
El
discurso iconográfico general de este retablo no puede
ser más transparente, ya que encierra un mensaje salvífico
tradicional, pero contextualizado en una clara intencionalidad
propagandística de tipo político-religioso en favor de
la monarquía. No hay que olvidar que el patrocinador y
encargante de la capilla, Hernando de Aragón, no es sólo
arzobispo cesaraugustano, sino también virrey de Aragón.
Además se puede establecer una clara convergencia de intereses
entre ambos estamentos , el eclesiástico y el político,
en Aragón, a partir de que el monarca Juan II reservara la
mitra a un miembro de la familia real, nacido de forma ilegítima.
Esta costumbre se mantuvo durante un dilatado tiempo.
En
cuanto a la autoría material del retablo, la mano del
escultor Pedro Moreto se puede seguir con seguridad en buena
parte de la imaginería , y desde luego en los seis relieves, en
las figuras de los prelados hispanovisigodos, la composición de
la Anunciación, etc. En otros casos es probable la participación
de otros artistas ligados a su taller. Esto ocurriría en
general en la ornamentación del retablo, o en las figuras de
los pontifices o el tondo de la Trinidad.
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