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    Nacho Bolea

    - ¿Por qué esa preferencia por el collage?
    - El collage es una técnica más que deriva, para mi, en conceptos más amplios, el de técnica mixta y el ensablaje. De todas formas no sólo me he dedicado al collage, también he realizado instalaciones y ahora estoy muy interesado en la pintura. Creo que las barreras entre los distintos géneros tienden a desaparecer porque lo importante es el concepto de obra y no el género.

    - Entonces, habría que valorar la obra de un artista en su totalidad...
    - Sí. Al final debe primar la visión general de la obra y hay que valorarla en su conjunto por su capacidad de comunicar. Además, cuando has explotado a fondo una determinada técnica o un material el arte deja de ser un reto y hay que avanzar en nuevas formas de expresión.

    - ¿Cuáles son los temas recurrentes de su obra?
    - Los recuerdos de mi infancia son habituales en mis collages, pero muchas de mis obras son paisajes en los que la figura humana tiende a aparecer borrosa y difuminada en paisajes periféricos. Me gusta crear un espacio donde convergen una serie de fuerzas y sucede algo que te hace estar en tensión y emocionarte. Además, a la obra se filtran todas las influencias. El artista es un médium para darles salida. En el fondo, lo que te impulsa a hacer una obra de arte es rellenar un vacío.

    - ¿Y qué influencias están más plasmadas?
    - Me considero muy abierto y receptivo, siempre entusiasmado por descubrir la obra de un artista que desconoces y profundizar en la de aquellos que amas. En general, me interesan los artistas que se sitúan en la periferia, que ven en el arte una especie de segunda naturaleza, tránsito hacia otra realidad: la corriente irracional expresionista o los constructivistas. También me entusiasman otros artistas por el tratamiento "matérico" de su pintura.

    - ¿Cómo definiría su obra desde el punto de vista técnico?
    - Hay estructuras repetitivas, las lúdicas o las cinéticas, donde la obra de arte se asemeja a una maquinaria. Me gusta trabajar mucho la composición, que se ha convertido en la gran olvidada del arte contemporáneo. La composición opera con la visión, un concepto mucho más amplio que el de imagen y para trabajarla hay que usar distintas técnicas y materiales.

    - ¿Considera los materiales como algo fundamental?
    - Desde luego. Tengo una fe ciega en las posibilidades de los materiales. Veo mi estudio como un gran mecano en el que todo es posible, por eso uso técnicas mixtas. Me gusta mucho perder tiempo paseando y recogiendo cosas que luego incorporo a la obra.

    - ¿En qué sentido se unen estos 'objetos' a la obra?
    - Los objetos arrastran ya de por sí una serie de connotaciones que me permiten crear un clima de enrarecimiento. Esto lleva al espectador a la sorpresa y, seguidamente, a la emoción. Cuando incorporo algo al lienzo le veo dos funciones: la capacidad emocional del material y sus valores plásticos, como color, forma y textura.

    - ¿Qué consecuencias tiene este proceso en la realización de la obra?
    En todas mis obras hay una fase embrionaria, donde se citan sensaciones y deseos. Al principio, estoy totalmente perdido. La insatisfacción y el sentimiento de ausencia te empujan para intentar cubrir ese vacío. Tras la recogida de materiales alterno fases de emotiva violencia con otras de armoniosa calma. Así, la obra crece como si fuera un ente vivo, casi imprevisible hasta el final. Suelo trabajar en tres o cuatro cosas a la vez y las dejo reposar unos meses antes de finalizarlas. El proceso de imaginar la obra es igual de importante que el proceso de crearla.

    - ¿Cree que todas estas emociones se transmiten al espectador?
    - Para mí, toda obra de arte importante debe ser un espacio de revelación. Y, como tal, devenir en experiencia. El espectador se transforma así en "experimentador", en celebrante activo y partícipe. Muchas de mis obras tienen una estructura cinética, fuerzas y resortes, que el ojo debe activar para tensionar toda su energía y capacidad de sugerencia.

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