- Compagina distintas formas de expresión: poesía, fotografía, pintura... ¿Cómo se complementan estas disciplinas?
- Compagino mucho palabra e imagen a la hora de crear.
Normalmente una de las dos se queda corta y entonces optas
por combinarlas, pero me he decantado más por la fotografía
digital. La ultraespecialización de hoy en día limita al
hombre muchísimo y además solía estar mal visto dedicarse
a más de un lenguaje creativo.
- ¿Y eso por qué?
- Parece que tocar distintas disciplinas es un signo de mediocridad y para llegar más lejos socialmente tienes que sacrificar una parte. Sólo cuando se trata de un artista consagrado se le admite esa pluralidad.
- ¿Por qué la preferencia por la fotografía?
- Me interesa más la fotografía porque es algo inmediato, capta el momento. Sigo haciendo dibujos e ilustraciones y también realizo instalaciones. Estas últimas me parecen muy interesantes porque cada creador tiene un lenguaje propio. Es el disfrute del instante y luego puedes seguir trajando con ese mismo material. Eso es lo que hice en Rasparte, una colección en la que había raspas en una pared que en realidad eran hormas de zapato. Después reelaboré las fotografías de la instalación e hice una nueva creación.
- ¿Cómo desarrollas el proceso creativo en tus fotografías?
- Por un lado robas el momento, descubres una realidad
que los demás no aprecian o no ven y la inmortalizas. Otras
veces tienes la idea de lo que quieres expresar y luego
la desarrollas. En ocasiones he hecho incluso bocetos de
las fotografías que luego iba a tomar. En mi caso, me guío
mucho por la asociación de ideas, por ejemplo, ves una mancha
y la asocias a una nube. La verdad es que me interesa mucho
el arte, pero también me apasiona la ciencia y es una pareja
que puede funcionar muy bien.
- Entonces, ¿ve el arte como la posibilidad de transmitir algo al espectador, más allá del aspecto puramente estético?
- Normalmente, el arte es conceptual. Intento lanzar un mensaje al espectador para que complete el proceso de creación, al igual que se hace en Oriente. Ellos consideran que la obra es sólo un esbozo, está inacabada y, hasta que el espectador no la ve, no la completa. Además, es muy interesante porque el significado que suele captar un espectador es totalmente distinto al que tú has querido expresar. Realmente, no se trata de lo que yo quiero ver, sino de lo que el espectador quiere ver.
- ¿Y que ha querido expresar con Señalarte, la colección que presenta en RedAragon?
- Señalarte es una parodia de los derechos de autor. Cuando alguien lanza una foto o cualquier otra obra llega un momento en el que parece que su propiedad pasa al pueblo. Nadie especifica la autoría de la obra y realmente el autor tiene derecho a la propiedad de esa obra hasta que muere. Por eso, en Señalarte se parodia con la posibilidad de tener que insertar la firma de la obra dentro de la misma creación.
- ¿Quizás por este poco respeto hacia los derechos de autor resulta tan difícil vivir del arte?
- Normalmente todo el mundo termina trabajando en otras cosas para sobrevir, pero esto tiene la ventaja de que proporciona mucha independencia. Tampoco creo que el creador deba vivir de subvenciones, sino disponer de un apoyo y de una estructura. Un creador no se puede supeditar al poder de un momento determinado.
- Y el público también tendrá su parte de culpa...
- La gente no suele comprar arte. Por ejemplo, en estas fechas muchas personas se gastan dinero en comprar láminas de reproducciones sólo porque las han visto en un museo y por poco más podrían adquirir una obra original. A nivel de imagen digital, esto es todavía peor porque parece que lo puede hacer todo el mundo. Sin embargo, no es así. Hay que saber mirar y cómo mirar.