Mis primeros contactos con el mundo del arte fueron como le ocurre a la mayoría de la gente por pura afición. Esta afición desembocó en mi entrada en una escuela de cantería y escultura, donde aprendí la técnica necesaria para convertir los bloques de mármol en esculturas, o por lo menos eso creía; hasta que comprendí que el medio (el material) nunca debe ser el fin (escultura). Esta capacidad adquirida supuso la obsesión por la técnica y o por el propio material utilizado.
Pero ¿que ocurre cuando se empieza a "dominar" esa técnica y el resultado son objetos bonitos y decorativos ante un arte actual que no es ni una cosa ni otra? Esta situación crea confusión e interés por experimentar qué es arte y qué no lo es. ¿Pero hay mecanismos para averiguar en la calle cuando vemos que la concepción sobre arte se funde en la mayoría de las ocasiones con la artesanía? Porque para la "gente de a pie" ese trozo de mármol labrado es una escultura, o arte, determinado por su belleza y su laboriosidad. De este modo podemos llegar a la conclusión de que el concepto de arte es muy diferente de unas personas a otras.
Después de haber "pasado" por la Facultad de Bellas Artes de Pontevedra me he dado cuenta del lógico cambio conceptual de mi modo de pensar sobre el arte y desde luego en mi forma de crear. Pasé de hacer objetos cerrados, casi monolíticos, a crear una obra que se ha ido deconstruyendo poco a poco, surgiendo propuestas a partir de la reflexión discursiva.
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