Julio Zaldívar Sanz
Proyecto de trabajo Julio Zaldívar Sanz
Resulta muy difícil definir el proyecto personal cuando está todavía en un estado de auténtica gestación. Es en estos momentos cuando empiezan a surgir más dudas que preguntas entorno a cual es el objetivo de la idea inicial dada su inconsistencia, aunque el motivo principal de elaborar un proyecto es la estrategia para trabajar en una dirección.
Aldous Huxley escribió: «Cuando empiezo un libro sé muy vagamente lo que va a suceder. Tan solo tengo una idea muy general y el libro se desarrollará a medida que voy escribiendo. Nunca estoy totalmente seguro de lo que va a suceder hasta que ya lo he escrito».
De este modo, el escritor nos acerca claramente al proceso práctico de la creatividad, donde en muchas ocasiones los planes previstos vienen modificándose conforme evoluciona el propio proceso de la obra, convirtiéndola así en algo tan subjetivo como excitante en cuanto a su concepción se refiere.
Es cierto que el proyecto comienza siendo un indigente tema de búsqueda, tal vez suscitado por el azar, engastándose en ocasiones en otros proyectos. Permite que una frase o un objeto banal desencadene el proceso de crear una obra. La búsqueda de esa idea inicial es tal vez el principal objetivo, tan presente, corno en muchas ocasiones distante. Una realidad se muestra sugerente cuando en ella se barruntan muchas posibilidades denotadas y connotadas.
Ser original no es mi principal objetivo, aun sabiendo que el arte lo requiere. Me interesa más jugar y manejar las distintas técnicas y materiales como procedimiento para una experiencia personal, las cosas cuando se experimentan se entienden mejor y por lo tanto se aprende de ello.
Después de hacer un recorrido, aunque breve, por distintas formas de hacer o crear, se abre ante mí un campo donde es difícil dirigirse a un punto concreto, debido principalmente al bombardeo de información a la que estamos sometidos, siendo tan abrumadora como "necesaria". Y es a partir de aquí cuando empiezan un sinfín de interrogantes entorno al arte como vehículo de expresión vital.
La evolución de mi trabajo en los últimos años se ha desarrollado siguiendo diferentes estilos como respuesta a la necesidad de intentar conocer los distintos lenguajes que se manejan en el mundo de las artes plásticas. En un principio parto de un planteamiento más formal, más kantiano, más retiniano; para pasar posteriormente hacia intereses más conceptuales, donde interviene más la implicación del espectador, pero sin olvidar la puesta en escena de la plástica, buscando un equilibrio entre lo "retiniano y lo cerebral".
Hoy, ante la convulsa situación social, es muy difícil extrapolar arte e ideología, aunque no es imposible. Yo en este caso no renuncio a la implicación ideológica como ingrediente en mis trabajos, aunque no pretende ser panfletario en su contexto, sino el producto de la reflexión del mundo en el que vivimos, convirtiendo el trabajo en una metáfora abierta a través de las formas, convirtiéndose estas en conceptos, en ideas. Estamos ante algo que requiere el esfuerzo hacia lo indeterminado.
No se puede admitir que una sola imagen sea considerada como salvación intelectual, pero tampoco podemos obviar que las formas son los cuerpos, los transportes físicos de las ideas y de los sentimientos, de todas esas cosas que apenas se pueden expresar y que a veces tan difícil sabemos explicar.
Haciendo un análisis histórico del arte y su función, veremos como siempre a lo largo de la historia ha sido una "arma de doble filo" utilizada como vehículo para versar la grandeza de los poderosos (de lo político-religioso). A través del ornamento como distintivo de poder y/o riqueza (estatus), de la estatuaria pública o conmemorativa, o bien como soporte para catequizar...aunque en este último apartado podemos observar como ya hubo sectores de la propia iglesia bizantina, iconoclastas, que siendo conscientes del peligro de la representación plástica se podría caer en la idolatría, en el culto de burdas representaciones con ánimo de lucro o, al menos, de institución (hoy presente en nuestra sociedad), pues el culto a las imágenes conllevaría a un halo y una atmósfera nada cultas, demasiado concretas, poca abstracción y ninguna racionalización científica de los dogmas y enseñanzas teológicas.
En la actualidad, el arte como bien "mueble" susceptible de compra y venta que es, como no podía ser menos ha sido absorbido por la economía, o como mero pretexto para crear instituciones museísticas, alguna de las cuales han perdido el objetivo último del arte como cultura, para convertirse en un vehículo de propaganda política, en vez de ser un espacio no solo difusor si no también generador de cultura.
Pero el arte no solo es un bien de "manejo" político-económico, ni tampoco una decoración, sino una herramienta de conocimiento, y esa es la razón del miedo que despierta, convirtiéndose en ese incómodo objeto que sirve para molestar la hipócrita doble moral, de modo injusto ya que la realidad del mundo en el que vivimos supera la ficción del propio arte.
De aquí que surjan grandes discusiones desde los ámbitos del poder en torno a lo que es arte y no lo es. Defendiendo en algunos casos al arte como algo que sirve para demostrar el virtuosismo técnico o como elemento que sirve para decorar. Con estas dos premisas no es de extrañar que exista rechazo desde distintos sectores sociales cuando requiera un esfuerzo por parte del espectador para lograr un entendimiento completo de una obra de arte.
El esfuerzo intelectual ha sido despreciado como un lujo innecesario, una pérdida de tiempo, en una sociedad que está acostumbrada a la inmediatez del significado de las imágenes manejadas por los medios de comunicación, en los que no hay reciprocidad, convirtiendo al espectador en mero espectador y no facilitando la dinámica de participación en la comunicación o en la lectura particular de una obra de arte.
Todo lo anteriormente mencionado parece estar unido a la ausencia de sensibilidad hacia el arte trascendental, precisamente facilitado en muchas ocasiones por el hermetismo de la propia obra, como de su mala prensa proyectada desde las instituciones del poder, por falta de entendimiento o por pura censura político-cultural.
Después de hacer una valoración en torno al arte y sus consecuencias creo que es un buen ejercicio intentar analizar como se manifiesta en mi propia obra todo lo anteriormente expuesto.
Teniendo en cuenta el interés de no mostrar sino de insinuar, es muy difícil conseguir el equilibrio que logre esa complejidad que define la obra de arte posmoderna, o por lo menos esa es mi pretensión, alejar al sujeto de lo previsible.
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