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Expedición Dhaulagiri 2008. Carlos Pauner

DESDE EL HIMALAYA.

A los pies del lothse

Pese a tener aclimatación previa, hemos notado el cambio tan brusco que supone para el organismo pasar de 1.000 a 5.000 en unos minutos.

CARLOS PAUNER (16/05/2008)

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Hace unos pocos minutos que hemos llegado al campo base del Lhotse, común al del Everest, a 5.400 m de altura. Ayer abandonamos Kathmandu muy temprano, para coger un vuelo al Luckla, puerta de entrada del valle del Khumbu. Desde este lugar, un helicóptero pequeño nos trasladó hasta Lobuche, a 4.900 m de altura, lugar donde pasamos todo el día de ayer. Pese a tener aclimatación previa, el cambio tan brusco que supone para el organismo pasar de 1.000 a 5.000 en unos minutos, lo hemos notado bastante. De pronto, nuestros cuerpos pasan a tener que vivir con la mitad de oxígeno justamente. Pese a que ahora pueden hacerlo, el proceso de acomodación es lento y no nos hemos sentido muy ufanos en estas horas anteriores. Hoy por la mañana, hemos caminado unas 3 horas hasta llegar a nuestro campo base. Es impresionante la cantidad de gente que hay aquí. Por mucho que ya se haya visto otras veces, no deja de impresionar ver cómo una pequeña ciudad de lona se extiende por doquier. Hacia cualquier parte que se mire se ven tiendas de campaña. El desorden es absoluto e incluso el aspecto es de hacinamiento entre unos campos y otros. Nosotros no nos podemos quejar. Al haber mandado por delante a nuestro staff, ahora ya tenemos todo colocado aquí arriba y en bastante buena condición. Las tiendas individuales, la tienda comedor, la tienda cocina, etc. Muy cerca nuestro se encuentra la expedición de los militares de la Escuela de Alta Montaña de Jaca. Nos han recibido con cariño y la verdad es que nos alegramos de que todo les esté marchando bien.

Ahora, tenemos que acostumbrarnos de nuevo a esta situación de vida en campo base. Tras una semana pasada en Kathmandu, nuestros organismos y nuestra mente se habían acostumbrado a esa situación. El cuerpo se intentaba curar del varapalo impresionante que supone ascender por encima de esa cota de los ocho mil metros. Ahora hay que hacerle entender que de nuevo tiene que volver a la carga, que tiene que prepararse de nuevo para soportar la altura extrema. No va a ser fácil. Quizás es el aspecto que más me preocupa de la expedición. Tenemos las gargantas rotas, nuestros pulmones no respiran bien y todavía los signos de la fatiga extrema de los ocho mil metros están presentes. Vamos a sufrir como perros, pero creo que merece la pena intentarlo.

Si tras unos días de reposo el tiempo nos da una oportunidad, iremos para arriba, poco a poco, pero sin volver la vista atrás. Aprovecharemos nuestro intento hasta el máximo y con el resultado que logremos, volveremos abajo, satisfechos del triunfo, o por lo menos de haber sido capaces de volver a luchar de nuevo en la alta cota tras todo lo acontecido. De momento estamos tranquilos, establecidos en nuestro nuevo base, con los sentidos alerta, contentos de que toda esta difícil planificación de la primavera esté funcionando perfectamente y confiados en que el Lhotse nos va a brindar una oportunidad de volver a saltar a la arena de este blanco Coliseo del Himalaya.

REPORTAJE.

Recuerdos de una gesta

Marta Alejandre regresó ayer por la noche a Zaragoza tras ascender el Dhaulagiri La primera aragonesa en subir un ´ochomil´ estará un mes en su casa paterna recuperándose de sus pequeñas congelaciones.

R. MARTÍ (14/05/2008)

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Marta Alejandre ya está con los suyos en Zaragoza. El pasado lunes a las ocho de la tarde aterrizó su vuelo de Doha en el aeropuerto de Barajas. Alejandre realizó todo el viaje desde Katmandú acompañada del doctor Pedro Allueva. "Se agradece para poder hablar con alguien", afirmaba. En Madrid le esperaban sus padres. Antes de la medianoche llegaba a la casa paterna del barrio del Arrabal.

Está empezando a asimilar su gran gesta del pasado 1 de mayo. Ese día fue la primera aragonesa en coronar un ochomil. Fue el peligroso Dhaulagiri, de 8.167 metros de altitud. Sus ojos brillantes muestran su enorme fuerza y vitalidad. En sus primeras horas en Zaragoza cuenta sin descanso los detalles de su gran aventura a los más allegados.

"Lo que más ilusión me hizo cuando llegué a Zaragoza fue el desayuno que me preparo ayer mi madre. Eran unas fresas con plátanos y kiwis. Al fin volvía a mis comidas...", explica la montañera, que está acompañada en la conversación por su hermana Elena.

Revisión médica

Ayer pasó revisión médica en el Hospital Clínico con el doctor José Ramón Morandeira y la doctora María Antonia Nerín. Tiene pequeñas congelaciones en las yemas de dos de sus dedos de la mano derecha. "Hemos hecho una gammagrafía para descartar que están afectados los huesos de ambos dedos. Poco a poco recuperaré la sensibilidad y en un mes estarán recuperados", apunta.

Tras hace cima, Alejandre estuvo en el Campamento Base cinco días. "Esos día tenía ganas de beber y estar sentada. Pero no tenía ganas de comer". El día 5 de mayo volaron con un helicóptero 22 personas a Pokhara y después llegaron a Katmandú. "A las ocho de la tarde estaba con Pauner y Pérez en el hotel duchándome. En Katmandú he llevado la vida del cerdito, recuperando y comiendo", dice la alpinista aragonesa.

Alejandre ha sido una de las protagonistas de la montaña junto a Edurne Pasabán y Gerlinde Kalterbrunner, que tienen diez y once ochomiles respectivamente. "Me ha sorprendido la fortaleza de Gerlinde. Hizo cima y el mismo día bajó a dormir al Campamento Base. Es una mujer muy organizada y tiene una mentalidad muy alemana. Tiene muy claro todo y se mueve muy rápido por la montaña", afirma la escaladora del Club Alpino Universitario. Como persona le parece "encantadora. Es muy menudita, muy agradable y calladita. Se ha reído mucho con nosotros", dice Marta Alejandre.

El Dhaulagiri no es una montaña noble y tiene peligros en muchos de sus puntos. "La travesía final tenía la nieve compacta y se podía andar bien. La gente de Al Filo puso cuerda fija ese tramo de 400 metros. Pero si te caes, vas a parar a un abismo. No miraba mucho al vacío. Miraba mis pies e iba atenta", dice la alpinista zaragozana.

Lo peor para Alejandre fue el descenso desde el Campamento III al Base. "Ese día estaba desinflada. Bajando el día de cima mantenía la adrenalina". Alejandre perdió el reloj en el Campamento Base. "Pauner y Pérez tampoco lo llevaban. El día de cima siempre veía a los compañeros y no me preocupaba excesivamente del horario. En el corredor me crucé con Carlos. Me dijo que iba un poco tarde y le dije que esta vez sí quería llegar a la cumbre". Alejandre recordaba el año pasado en el que se quedó a pocos metros del Broad Peak. "Carlos me dijo que fuera a cima y me pidió que, si se cerraba el tiempo, me diera media vuelta", explica.

El riesgo

Alejandre reconoce que su valiente actitud pudo no ser la más correcta. "No es una actitud adecuada para llevar en otras oportunidades que tenga. Reflexioné con Pauner estando en el Campo Base y me dijo que si vuelvo a hace eso, puede ser que el vivac no lo aguante", indica la aragonesa.

Alejandre ya sabe lo que experimenta su cuerpo a más de ocho mil metros. "De subida iba bastante bien. Sin embargo, de bajada daba muchos pasos seguidos y se me revolucionaba la respiración. Tenía que pararme para coger bien el aire". La segunda noche en el Campamento III estaba obsesionada. "Tenía dificultad para estar tumbada. Estaba obsesionada porque no había bebido mucho. Tenía pensamientos muy repetitivos y la mente estaba un poco loca", recuerda la alpinista.

Ahora Pérez y Pauner intentarán subir el Lhotse. "Les he dejado muy animados. Pérez está feliz y a él le apetecía el Everest. El Dhaulagiri no era su historia. El 20 de mayo empezarán a subir hacia la cima", dice la montañera, que ahora estará un mes en Zaragoza.

Y después ya piensa en su próxima aventura en el Cho Oyu. "Ya estoy planificando una expedición a esta montaña en otoño. Quiero ir un poco más tranquila que al Dhaula. Espero que las manos me dejen", concluye.

Pasa el tiempo, lento

Carlos Pauner (12/05/2008)

Sin duda alguna, el tiempo en Kathmandu tiene otra dimensión que en nuestra vida normal. Los días son largos, eternos, agotadores. Hay que buscar entretenimientos, aunque la verdad sea dicha, no encontramos ninguno. En un principio, el cambio del campo base por la ciudad nos hizo flotar en el aire. Los lujos y comodidades de nuestra temporal vida urbana, nos han hecho olvidar las penurias de las alturas. Incluso hemos curado pequeñas dolencias que arrastrábamos y que son imposibles de curar en altura. Con todos nuestros compañeros españoles hemos pasado unos buenos días en Kathmandu. Hablábamos, recordábamos momentos entrañables de la expedición o simplemente nos sentíamos en grupo. Ahora, todos han partido para casa y nos hemos quedado Javier y yo solos como la una.

No estamos mal, desde luego, pero la sensación de ver la vuelta de nuestros compañeros a casa ha sido, ciertamente, nostálgica. Pero bueno, sólo es una sensación y tenemos que mirar hacia delante. Nos queda toda una gran expedición por delante. Dos días más en esta caótica ciudad y partiremos hacia el reino de las alturas de nuevo. Mañana, arreglaremos el tema de permisos y haremos las ultimas compras. Ya hemos enviado nuestra ligera carga (sólo 4 bidones vamos a llevar con nosotros hasta el campo base) por tierra, confiando en encontrarnos con ellos el día 14 en el campo base. Allá encontraremos a muchos amigos de otras expediciones y seguro que nos cuentan como están las cosas.

Nuestra táctica va a ser muy muy sencilla. Sólo un ataque, sólo una oportunidad, pero vamos a esperar para la buena. No tenemos prisa, estamos aclimatados y sólo queremos encontrar esa ventana de buen tiempo, como en el Dhaula y tirar hacia lo mas alto del Lhotse. Por la experiencia de otras temporadas, espero que esa oportunidad se produzca entre el 20 y el 27 de este mes. Van ser 5 días de montaña muy intensos, pero si los comparamos con los de una expedición normal, van a ser muy pocos. Ya hemos conseguido aclimatar en el Dhaula. Nuestro organismo ya está adaptado a la altura. He estado a 8.167 m y mi cuerpo ha tenido que modificarse para mantenerme con vida en esa cota inhumana. Así pues, tras estos días de recuperación en Kathmandu, la aclimatación no tiene que ser un problema y nos tiene que permitir subir paso a paso sin volver atrás, hasta llegar a la cima.

Como siempre, las condiciones de la montaña mandaran, pero, sinceramente, nos encontramos muy motivados y con muchas ganas de cambiar estos días de tedio e inactividad, por días de cumbres, de sol y de Himalaya. Nuestra campana continúa y pronto, muy pronto, estaremos frente a frente con nuestro gran objetivo: El Lhotse.

MONTAÑISMO.

Pauner descarta el Everest y se centra en el Lhotse

EL PERIÓDICO (09/05/2008)

Cambio de planes. Carlos Pauner y Javier Pérez decidieron finalmente no atacar la cumbre más alta del planeta, el Everest, sino la cuarta, el Lhotse (8.501 metros) debido a las polémicas entre el gobierno chino y el nepalí por la antorcha olímpica, que mantendrán el monte cerrado sin fecha definida. "En esas condiciones, nuestra decisión fue firme. No íbamos a jugarnos más de 70.000 dólares del permiso de escalada al antojo de los señores bajitos y mandones del otro lado del Himalaya", explica Pauner desde Katmandú, donde la expedición aragonesa descansa y pasa página tras hollar la cima del Dhaulagiri. Hoy abandonará a sus compañeros Marta Alejandre, que regresa a casa para tratarse de las congelaciones que sufrió en los dedos.

Pauner repasa con intensidad lo vivido en fechas recientes: "Ha sido una buena expedición. También ha habido momentos difíciles. La desaparición de nuestro compañero Rafa, la debacle de los argentinos, la llegada muy tardía a cima de Marta seguida de la enorme tensión durante toda la noche hasta su llegada al campo 3, ya de madrugada". Pauner y Pérez partirán dentro de tres días hacia su nuevo objetivo, el Lhotse, cuando lleven una semana descansando y recuperando fuerzas en Katmandú. "Tenemos la gloria del Dhaula y, con esa bendición, vamos decididos hacia otro gigante nepalí. No va a ser fácil. Elevarse, en mi caso, sin oxígeno, hasta esta tremenda cota", explica el himalayista de Montañeros de Aragón.

El jacetano está deseando sumar el noveno ochomil a su lista particular y culminar con éxito tres meses de "cruzada" contra los gigantes nepalís. Los dos expedicionarios que quedan del grupo original prepararán mañana todos los papeles y el día 13 volverán a recorrer los valles de Nepal hasta llegar a los 5.400 metros del campo base. La cordada solo tendrá un intento, por lo que la solución llegará pronto.

Alejandre vuelve a casa

La aragonesa deja la expedición y vuelve a Zaragoza sin poder atacar el Everest. La buena noticia es que no pasará por el quirófano

Lurdes Saavedra (Diario Equipo) (07/05/2008)

Tras lograr su sueño, Marta Alejandre debe decir adiós a sus compañeros. La alpinista aragonesa no podrá ascender al Everest, próximo objetivo de la expedición, debido a la severa congelación que sufre en ambas manos.

Lo que más preocupa al servicio médico que la ha examinado es el dedo anular de su mano derecha, que se encuentra literalmente negro. El resto, aunque congelados, no revisten gravedad. La buena noticia es que Alejandre no tendrá que pasar por el quirófano y sólo con reposo podrá volver a la normalidad en los próximos meses. "Su empeño por hacer la cima ha sido el causante de esta lesión. Llegó tarde y tuvo que regresar con el último grupo después de muchas horas arriba. Quería conseguir un sueño y ha tenido que pagar un precio, aunque mínimo ya que su lesión no es grave", aseguró Carlos Pauner.

La expedición compuesta por los tres aragoneses llegó ayer a Katmandú, ciudad en la que no ha cesado el trabajo. Al papeleo habitual, hay que sumar el regreso de Marta. "Estamos intentando cambiar el billete para que pueda volver cuanto antes, pero todavía no lo hemos resuelto", explicó Pauner.

Marta Alejandre coronó la cima del Dhaulagiri el pasado 1 de mayo, convirtiéndose en la primera mujer aragonesa en subir un 'ochomil'. Su reto era aumentar el hito logrando hollar el pico más alto del mundo, el Everest, sueño que no podrá conseguir. Aunque sólo por ahora.

La expedición llega a Katmandú

Carlos Pauner, Marta Alejandre y Javier Pérez descansan en el hotel

Carolina Pueyo (06/05/2008)

El lunes 5 de mayo por la tarde Marta, Javier y Carlos han llegado a Katmandú. Un helicóptero les ha recogido del campo base por la mañana y les ha llevado hasta la capital nepalí. El helicóptero ha hecho un primer viaje con los montañeros para luego volver al campo base y recoger la carga en dos viajes. El mal tiempo ha hecho que la primera carga recogida no pudiera ser llevada hasta Pokhara o Katmandú, y la han tenido que dejar en el llamado "campo italiano", a un día andando del campo base. El tercer viaje no ha podido realizarse, quedándose otra parte de la carga en el campo base.

Nuestros montañeros ya están descansando en su hotel disfrutando de su primera ducha en varias semanas y por fin podrán dormir en una confortable cama. Mañana por la mañana se informarán de la situación actual con los permisos de escalada y con ello podrán tomar la decisión de hacia dónde dirigir sus próximos pasos.

Pensamiento único

Alejandre dice que en la cima disfrutó del momento. "Fue para mí, muy personal".

R. MARTÍ (03/05/2008)

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Marta Alejandre ha demostrado, con tan sólo 27 años, una madurez impropia de su escasa experiencia en el Himalaya. En su segunda tentativa a un ochomil (la primera fue el año pasado en el Broad Peak) culminó la cumbre del Dhaulagiri. De esta manera, la zaragozana hacía historia para el deporte aragonés al ser la primera aragonesa en subir un ochomil.

Siempre le quedará en su retina la imagen de su llegada a la cima. "No había nadie en ella. Al ser un poco tarde, tenía unos bonitos colores de atardecer. Fue un momento para mí, muy personal". La montañera indica con sinceridad que "cuando llegué arriba lo primero que pensé fue en mi. Es uno mismo el que lucha por esto y el año pasado no pudo ser en el Broad Peak. Este año sí". Después llegaron sus compañeros y se hicieron las fotos. "Entonces me acordé de mi familia, de mi hermana y de mi pareja", dice Alejandre.

Cuando le quedaban poco más de una hora y media para la cima, tomó una decisión trascendental. "Sabía que iba un poquito tarde. Me cruce con Carlos, lo valoramos y arriesgué un poquito. Apetecía intentarlo y era consciente de que era un día histórico para el deporte aragonés", afirmaba en la noche de ayer Alejandre desde el Campamento Base.

Ambos se cruzaron en el corredor que lleva a la cima. "El bajaba y yo subía. Me quedaría una hora y media para la cima". En ese momento crucial hablaron de la climatología que le esperaba a Alejandre para llegar a la cumbre. "Carlos estaba un poco intranquilo. Me dijo que si hacia mucho viento, aparecían las nubes y se cerraba la visibilidad, renuncara sin dudar a la cima", dice la montañera del Club Alpino Universitario.

Alejandre confesaba que las condiciones de la montaña eran mejores que en otras ocasiones. "La travesía estaba con cuerda y, si nos resbalábamos, no nos caeríamos al infinito. Por ello pasamos más tranquilos, aunque es una media ladera bastante inclinada", apunta.

El descenso al Campamento III hasta la cima la realizó conjuntamente con los tres compañeros con los que llegó a la cima. "Lo hice con una polaca que se llama Kinda, Cristian, un argentino y Jesús, que es catalán". Alguno de los compañeros iba muy lento bajando. "Entramos por la tienda a la una de la madrugado. La verdad es que era muy tarde", dice la alpinista.

Alejandre analiza la montaña en el Campamento Base una vez que lo ha culminado. "Hay que trabajársela mucho en el día a día. El día de cima no es complicado. Hemos tenido que pelearla y ha sido muy trabajosa. Es una montaña en que estás muchas horas caminando por laderas de nieve sin equipar. Un tropezón tonto puede ser muy peligroso", explica la himalayista.

Fue un éxito de las mujeres con el ascenso de Edurne Pasabán, Gerlinde Kalterbrunner y la propia Alejandre. "Parece que poco a poco se va normalizando esto como otros órdenes de la vida", apunta. Ahora se ve con fuerzas de hacer otro ochomil. "Ahora apetece estar unos días más tranquila. Pero no estoy desinflada y tengo claro a lo que hemos venido. Estoy con energías para subir otro ochomil", confirma Marta.

Los grandes titulares se los llevó Marta Alejandre, que ha sido la gran atracción del Dhaulagiri por encima de Pauner. Pronto le llegará la vorágine de los medios de comunicación. "Espero llevarlo bien lo de la fama. Es más complicado que subir el Dhaulagiri" afirma.

PÉREZ Javier Pérez es el único expedicionario que no llegó a la cumbre del Dhaulagiri. El zaragozano se quedó en el Campamento II el martes pasado. "Se pasó el tren, me encontré mal y no pude ir. Me he quedado abajo empujando lo que he podido".

Ahora tiene todas las fuerzas del mundo para subir el Everest. "Pero los chinos tienen la montaña cerrada. El ejército nepalí está desplegado en el Campamento Base y han requisado cámaras, teléfonos y unas cuantas cosas", explicaba Javier Pérez desde el Campo Base.

La nueva gesta del montañismo aragonés.

Pauner: "En el Dhaulagiri tomé los mínimos riesgos"

El jacetano y Marta Alejandre llegaron al Campamento Base tras coronar con éxito la cumbre nepalí.

R. MARTÍ (03/05/2008)

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A las cinco hora española, nueve de la noche en Nepal, alcanzaban el Campamento Base con la cima del Dhaulagiri en el bolsillo Carlos Pauner y Marta Alejandre. El jacetano sumaba su octavo ochomil y Alejandre era la primera aragonesa que hollaba uno de los catorce techos de la Tierra. Fue un descenso complicado y laborioso de más de once horas. En una jornada de mucho viento, tuvieron que acarrear el material de los campamentos inferiores.

En el Campamento Base, los compañeros, encabezados por Javier Pérez, les esperaron con una tarta de chocolate en la que Mima, el cocinero, puso un expresivo Dhaulagiri 2008: Congratulations. Era una jornada festiva tras el éxito de la jornada anterior con el ascenso de 17 personas a la cima del Dhaulagiri.

CANSANCIO Los dos montañeros llegaron muy cansados después del éxito, pero fuertes y sin problemas físicos. "Tenemos el cansancio propio tras haber coronado una cima de este calado. Va todo según los planes previstos. Hay que celebrar que estamos vivos aquí. Tras recuperarme, estaré con muchísimas ganas para afrontar una nueva montaña", apunta Pauner. El fin de semana comienza otra historia y tendrán que decidir si atacan el Everest. Mañana o el lunes abandonarán el Campamento Base. "Mañana haremos balance y decidiremos cómo nos vamos de aquí", explica.

La montaña estaba tan peligrosa como siempre, pero los aragoneses tuvieron la ayuda del buen tiempo. "Estos días nos ha permitido trabajar en la montaña, consolidar el camino, montar el Campamento III y salir hacia la cima", explica Pauner.

El alpinista de Montañeros de Aragón explica cómo fue el día decisivo de cima. "Es un camino muy en diagonal de izquierda a derecha, en el que hay que andar muchas horas. Salimos a las tres de la mañana y llegué a la cima a las dos. Es un terreno muy peligroso, una montaña muy seria y llegando a cima pasamos un corredor muy empinado". Pauner relata una secuencia sobrecogedora en ese punto del ascenso "Al salir de un collado, nos encontramos un cadáver".

El jacetano subrata que a favor de su éxito tuvo también que ver que "había muchos buenos alpinistas, gente muy seria, la huella se ha trabajado mucho". El tiempo fue variable. "Fue un día algo extraño, pero noble. Hizo mucho viento, unos 45 kilómetros por hora, aunque no hacía demasiado frío. En la cima se desencadenó una tormenta y había muy poca visibilidad", señala.

LA EXPERIENCIA Pauner funcionó como un reloj y demostró su gran experiencia en los momentos decisivos de la expedición. El ataque final lo realizó con la gente de Al Filo. "Yo subí con Alex Chicón y diez minutos por delante estaban Fernando González, Ivan Vallejo y Edurne Pasabán. Los catorce ochomiles de Vallejo los celebramos arriba con gran alegría", dice Pauner.

La travesía peligrosa donde murió Pepe Garcés estaba en bastante buenas condiciones. "No estaba tan peligrosa como hace dos años que nos tuvimos que bajar de allí. Se fijaron 100 metros de cuerda por la gente de Al Filo y así daba sensación de seguridad", recuerda.

El Campamento II, donde perecieron por un alud el año pasado Sagaste y Valencia, lo montaron un poco más arriba para evitar problemas. "Estaba a 6.800 metros, debajo de un serac. Era un sitio más protegido y nos ha ido muy bien la elección. Tenía claro que esta montaña era para subir a finales de abril y así ha sido. Ahora empieza a nevar y hay riesgo de avalanchas", dice.

La alegría fue doble para Aragón con la ascensión de Marta Alejandre. "Cuando bajaba de cima, me crucé con ella. Era un poco tarde, pero Marta estaba con mucho ánimo y se veía el tiempo estable. A la vuelta, nos tuvieron un poco inquietos, porque llegaron muy tarde, a la una de la mañana, al Campamento III", dice. Pauner alcanzó el campamento sin ninguna novedad a las seis de la tarde. "La apuesta de Alejandre fue arriesgada. Fue una decisión personal que tomó con mucha entereza"

Alejandre funcionó con total autonomía en el Dhaulagiri. "Lo único que puedo hacer es aconsejarle. Cada persona hace lo que quiere. Es como si Pérez quiere ir a la cima a las doce de la noche. Hay veces que ocurren muchas desgracias por alcanzar a última hora la cumbre". El jacetano analiza su comportamiento en el Dhaula. "He tomado los riesgos mínimos. A las dos estaba en la cima y a las seis en el campamento III".

RECUERDO ESPECIAL El himalayista tuvo un recuerdo especial para los amigos fallecidos en esta terrible montaña. Los cuerpos de Sagaste, Valencia y Garcés yacen en las laderas del Dhaulagiri. "Ha sido un homenaje a los tres amigos que están aquí y que dieron su vida soñando con esta montaña difícil y cruel y que se seguirá cobrando muchas vidas".

No saben cuál es el futuro próximo. Lo prioritario es salir lo antes posible del Campamento Base. "En Katmandú decidiremos qué pico subimos. Podemos cambiar el Everest por el Lotshe o cualquier otro. Es una tomadura de pelo que no deje subir el Gobierno Chino del 1 al 11 de mayo, que bloqueen los moviles y que cierren el espacio aéreo. Es un abuso", afirma.

Una jornada histórica. PERFIL.

Marta Alejandre, el éxito de la resistencia

La zaragozana se ha convertido por derecho propio en referente del montañismo aragonés. Tiene 27 años y trabaja de guía de montaña en la estación de Astún.

EL PERIÓDICO (02/05/2008)

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Con 27 años, la zaragozana Marta Alejandre es la primera mujer aragonesa que corona una de las catorce cimas más altas del planeta. El año pasado se le resistió el Broad Peak en su primer intento pero ahora, con la experiencia acumulada, con la firme convicción en sus posibilidades, exhibiendo la misma dureza que las rocas que escala, ha puesto sus pies en la séptima cumbre, el Dhaulagiri, culminando junto a Carlos Pauner un día histórico para el ochomilismo aragonés. De esta forma, Marta Alejandre une su nombre al de la escaladora oscense Cecilia Buil como gran referente en el montañismo de la comunidad.

Alejandre, licenciada en Geológicas, vive en Villanúa, donde ejerce como guía de montaña en verano mientras en invierno trabaja en la estación de Astún. Otras mujeres aragonesas habían intentado ascender un ochomil: Ana Sesé asaltó el Makalu en los ochenta e Isabel Santolaria acompañó a Pauner en el Nanga Parbat y el G-II. En cuanto Alejandre, que pertenece al Club Alpino Universitario, supo que ninguna aragonesa lo había logrado, se puso manos a la obra y el Gobierno de Aragón le ayudó incluyéndole en la cordada de Carlos Pauner que, junto a José Vilalta y Alberto Sanmartín, partieron hacia el Broad Peak el pasado mes de julio.

"Mantengo una actitud positiva, tengo mucha ilusión y me parece una oportunidad increíble. Me encantaría conseguirlo por las aragonesas y, sobre todo, por las mujeres alpinistas", afirmaba hace algo más de un año, antes de intentar coronar el Broad Peak y quedarse a unos metros de la cima. Esa experiencia, su primera en un ochomil (en su currículum figuran el Aconcagua y el Ama Dablam nepalí, dos reputados seismiles) le hizo ser perfectamente consciente de lo que hay en juego en cada expedición.

"Estas montañas no solo son físicas, sino psicológicas", explicaba hace un mes y medio. "Hay que aprender a leer estos gigantes", añadía, para calificar de "circunstancia" el hecho de poder convertirse en la primera aragonesa con un ochomil. Ayer clavó una bandera en la cima y abrió una gran puerta.

Aficionada a la montaña desde pequeña, lo suyo es la resistencia y una mentalidad de acero. Solo así puede explicarse su éxito, su precocidad, en un deporte en el que el ser humano desafía sus propios límites exponiendo su cuerpo a las bajas temperaturas y la falta de oxígeno durante tiempo prolongado. Con solo 27 años, Alejandre ha logrado coronar la séptima cumbre del planeta y una de las más peligrosas en su segunda expedición ochomilista, pero el futuro es todavía más prometedor. En unas semanas, se medirá al Everest, la cumbre entre las cumbres, y, en otoño, podría participar en una expedición al Cho Oyu (8.201 metros) con Alberto Sanmartín.

El montañismo aragonés

Homenaje por todo lo alto

Pauner y Alejandre, la primera aragonesa que sube un ochomil, alcanzan la cumbre del Dhaulagiri (8.167 metros), donde se quedaron para siempre Garcés y Sagaste.

R. MARTÍ (02/05/2008)

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El montañismo aragonés vivió en la mañana de ayer una nueva jornada para la historia. Carlos Pauner y Marta Alejandre alcanzaron la cima del Dhaulagiri, la montaña nepalí de 8.167 metros de altura. Era la primera ocasión en que una aragonés hollaba la cima de este mole. Fue una doble revancha en una de las montañas malditas para el alpinismo aragonés, una cumbre asediada y a la vez codiciada por los mejores escaladores y en la que murieron dos de los más grandes del himalayismo aragonés: el zaragozano Pepe Garcés y el ejeano Santiago Sagaste.

La gesta se produjo a las dos de la tarde hora nepalí, diez y cuarto de la mañana hora española. Pauner firmaba su octavo ochomil, mientras que Marta Alejandre era la primera escaladora aragonesa en coronar uno de los catorce techos de la Tierra. Tras su intento fallido en el 2006, en el que se retiró de en el Campamento III debido al tremendo vendaval, el jacetano daba en la diana y se quitaba de encima una de las montañas más temidas y peligrosas junto al Annapurna, el Kangchenjunga y el K-2.

Fue el mejor homenaje que podían recibir tres grandes del montañismo y cuyos cuerpos yacen en las heladas laderas del Dhaulagiri. En octubre del 2001 se caía por la peligrosa travesía final, a 7.900 metros, Pepe Garcés tras retirarse sin hacer cumbre. El pasado mes de mayo el Dhaula se cobraba dos nuevas víctimas. El navarro Ricardo Valencia, amigo íntimo de Pauner, y el zaragozano Santiago Sagaste se vieron sorprendidos por un alud mientras descansaban en el Campamento III.

ATAQUE MASIVO En la mañana de ayer se realizó un ataque masivo al Dhaulagiri. Entre polacos, austriacos y españoles andaba el juego. Un total de 25 expedicionarios querían aprovechar las escasas opciones que les diera el Dhaulagiri. A las tres de la mañana partieron Pauner y Alejandre del Campamento III, ubicado a 7.300 metros, después de haber pasado una mala noche casi sin apenas dormir. Tras once horas de dura ascensión, lograba su octavo ochomil Pauner. Hora y media más tarde llegaba rota por el esfuerzo Alejandre tras subir en una jornada 850 metros. Javier Pérez desistió del intento el martes y se reserva para el ataque al Everest (8.848 metros).

Otros tres españoles aprovechaban la ventana de buen tiempo y alcanzaban el Dhaulagiri por la ruta normal. Eran los vascos Assier Izaguirre y Edurne Pasabán, junto al catalán Ferrán Latorre y al ecuatorinao Iván Vallejo. Todos ellos pertenecen al equipo de Al Filo de lo Imposible.

LAS MUJERES El éxito es enorme en esta montaña en la que las mujeres fueron las grandes protagonistas. Junto a la gesta de Alejandre, Edurne Pasabán subía su décimo ochomil y empataba con Nieves Meroi y Gerlinde Kalterbrunner. Ahora le toca a esta última subir esta montaña en las próximas horas. De esta manera, la austriaca se pondría en cabeza. Por si fuera poco, Iván Vallejo, gran amigo de Sagaste con el que ascendió el Shisha Pangma, hacía pleno y entraba en la lista de oro de los alpinistas que han alcanzado los catorce ochomiles.

Tras firmar este gran éxito y de manera súbita, se produjo en la cima una tormenta con gran aparato eléctrico. Pauner se vio obligado a descender de manera vertiginosa y, tras superar la travesía cimera, esperó a Alejandre en la cota de los 7.900 metros.

A últimas horas de la tarde Pauner y Alejandre superaban una de las jornadas más exigentes de su vida y descansaban en el Campo III. Esta previsto que alcancen el Campamento Base esta mañana. Pero antes recogerán el material que tienen depositado en el Campamento II. Desde aquí al deseado Campamento Base tienen otras cuatro horas más de camino. Si no hay novedad, Carlos y Marta recibirán el abrazo de Javier Pérez en el Campamento Base en el mediodía en España.

Después llegará un descanso demasiado corto para la cordada aragonesa. Javier Pérez, Marta Alejandre y Carlos Pauner tendrán que ponerse las pilas para concluir este periplo con éxito subiendo el Everest por la vertiente nepalí. Tienen previsto comenzar su ataque en la segunda quincena de este mes. Es el gran reto de Carlos Pauner, que quiere auparse a los 8.848 metros sin la ayuda de oxígeno.

A 7.400 metros

Carolina Pueyo (30/04/2008)

A las 14 horas hora española, las 6 de la tarde en Nepal, ha llamado Carlos a Zaragoza. Él y Marta están en el campo III, a 7.400 metros. Estaban exhaustos, han tenido varios problemas y les ha costado mucho llegar y organizarse. El tiempo es muy frío y con ventisca. Ahora iban a hidratarse e intentar descansar un poco, lo que puedan, ya que finalmente tienen que compartir una pequeña tienda entre tres personas. Tienen previsto salir a las 2 de la mañana hacia la cima.

MONTAÑISMO.

Pauner llega al campo II del Dhaulagiri

EL PERIÓDICO (30/04/2008)

La expedición que lidera Carlos Pauner en el Dhaulagiri alcanzó ayer el campo II, camino de la cima de 8.167 metros, que tienen previsto alcanzar mañana jueves. Los tres montañeros aragoneses salieron el lunes por la mañana del campo base y han perdido un efectivo en la escalada hacia la cumbre. Javier Pérez se sintió mal subiendo hacia el campo I y tomó la dura decisión de regresar al campo base, donde se encuentra en estos momentos.

Mientras tanto, Marta Alejandre y Carlos Pauner durmieron la madrugada del lunes al martes en el campo I y salieron hacia el campo II ayer por la mañana muy temprano. Ya se encuentran allí, junto con las demás expediciones que intentan hollar el coloso, a 6.800 metros. La meteorología no es nada ventajosa. Hace mucho frío y el viento es fuerte. Además, los dos montañeros aragoneses se encontraron el campo en malas condiciones, dado que las tiendas no se veían porque habían sido cubiertas por la nieve.

Por ello, lo primero que les tocó fue trabajar muy duro para volver a dejar la tienda en buen estado y poder descansar antes de emprender el siguiente día. Esa jornada es la de hoy y si todo va bien, subirán al campo III. Ellos esperan que el tiempo aguante, no empeore y les permita progresar en este largo y peligroso camino hacia la cima de esta montaña de 8.167 metros, el nuevo objetivo de Pauner.

MONTAÑISMO.

Pauner intentará hollar la cima del Dhaulagiri la mañana del jueves

La expedición aragonesa partió ayer para aprovechar el buen tiempo.

EL PERIÓDICO (29/04/2008)

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El domingo por la tarde hubo reunión en el Campo Base del Dhaulagiri. Las diferentes expediciones que allí se encuentran en busca de su cima contrastaron los partes meteorológicos de que disponían y todos coincidían en una cosa: a partir del viernes, un frente de mal tiempo cubrirá la zona durante unos diez días, así que hubo un cambio general de planes. El ataque ha comenzado. Carlos Pauner, Javier Pérez y Marta Alejandre partieron en la mañana de ayer para intentar aprovechar el buen tiempo. Los himalayistas aragoneses alcanzaron ayer mismo el Campo I, hoy continuarán su camino hacia el Campo II, mañana pretenden alcanzar el Campo III para, el jueves, día del Trabajo, hollar la cima a primera hora de la mañana.

Pauner se encuentra en el meridiano de su proyecto de los 14 ochomiles. Hasta el momento ya ha culminado el K-2, el Cho Oyu, el Gasherbrum II, el Kangchenjunga, el Nanga Parbat, el Makalu y el Broad Peak. Por contra, sus dos compañeros de expedición, todavía no han podido alcanzar ninguna de las catorce cumbres más elevadas del planeta. Marta Alejandre se quedó a unos metros del Broad Peak el año pasado, mientras Javier Pérez no pudo pasar del Campo III del Everest. Alejandre puede convertirse en la primera mujer aragonesa que logra poner sus pies en un ochomil.

OTROS GRUPOS La expedición aragonesa no es la única que tiene a la Montaña Blanca como objetivo en fechas próximas. En el Campo Base del Dhaulagiri se encuentran estos días el equipo de TVE de Al Filo de lo Imposible, la austriaca Gerlinde Kalterbrunner, que acumula diez techos de la Tierra, y el ecuatoriano Iván Vallejo, al que sólo le falta por subir el Dhaulagiri de los catorce ochomiles. Con 8.167 metros, es la tercera montaña más alta del planeta, está situada en la parte norcentral de Nepal y es el pico más alto de los cinco que forman el macizo del mismo nombre. Hasta 1960 no pudo ser conquistada por una expedición internacional.

Salida hacia la cima

RedAragon (28/04/2008)

En la tarde del domingo las distintas expediciones que se encuentran en el Campo Base del Dhaulagiri contrastaron sus partes meteorológicos. Todos coincidían, el 2 de Mayo por la tarde entrará un fuerte frente en la zona que durará unos diez días.

Por lo tanto, los tres montañeros aragoneses Marta, Javier y Carlos, junto con los demás expedicionarios han salido hoy lunes camino de la cima del Dhaulagiri. Llegarán hoy lunes al campo I, mañana martes al II, el miércoles al campo III, y esperan poder llegar a la cima el jueves por la mañana, día 1 de Mayo. Seguiremos informando de todos sus pasos, y deseándoles lo mejor.

El Asedio

"El asediado no es el Dhaula, sino nosotros mismos. La montaña nos asedia a nosotros".

Carlos Pauner (28/04/2008)

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Cuántas veces habremos leído en la literatura de montaña esta magnífica palabra. El asedio: "Los alpinistas asediaron la pared durante varios días". Bueno, se podría decir que estamos en ello, en un asedio feroz a nuestro Dhaulagiri. Hemos escalado parte de sus laderas y estamos a su alrededor, agazapados, esperando asestarle el golpe definitivo. Pero en realidad, si se piensa detenidamente, el asediado no es el Dhaula, sino nosotros mismos. La montaña nos asedia a nosotros, nos mantiene a raya en sus dominios. Nos lanza fuertes vientos, nos deja helados con su nieve, nos paraliza en el campo base a su merced. Pone a prueba nuestra capacidad de aguante, nuestra capacidad de dejarnos influir por los acontecimientos. Nos vuelve locos, con algún día aparentemente bueno para la escalada, lo cual nos hace dudar de nuestros partes, para luego mostrarse completamente distinto... Ay, como se lo saben hacer estas montañas...

Poco a poco, los días pasan y no encontramos el agujero de buen tiempo definitivo. El Dhaula se ríe, se muestra irónico. Nos las prometíamos muy felices hace algunos días, pero creo que, la batalla, no ha hecho ni comenzar. Esta montaña áspera y rancia, va a poner a prueba todo nuestro espíritu, nuestra psicología, nuestra experiencia. Cada día que pasa aquí abajo es una prueba más. Nos vamos poniendo nerviosos, hablamos, nos reunimos, discutimos sobre los partes y comienza, como en otras ocasiones ya he contado, ese nuevo tipo de religión, cuyo principal profeta es la predicción meteorológica. No en vano, vaya desde aquí mi más profundo agradecimiento a las personas que nos facilitan estas informaciones. Hacen que la toma de decisiones sea más sencilla aquí arriba, que tengamos más seguridad en nuestras incursiones en el mundo de la altura.

Paralelamente, nosotros mismos, nos hacemos nuestros líos y composiciones de lugar, empujados por el único y puro sentimiento de acertar, de que la siguiente salida no sea baldía, de que terminemos de una vez en este lugar. Más o menos todas las predicciones del tiempo coinciden. Ahora estamos siendo azotados por el viento y en altura, el dueño y señor solo es él, el dios Eolo. Parece ser que para el periodo del 1 al 3 de Mayo, el viento disminuye y podríamos tener una oportunidad. No obstante, irónico el Dhaula como es, parece que nos va a obsequiar con una serie de grandes nevadas al mismo tiempo. Difícil tarea, encontrar un hueco entre el huracán y el cambio de tiempo. Realmente no sabemos qué hacer. No sabemos cuándo salir hacia arriba. No sabemos a que carta apostar. Cierto es que aquí las indecisiones no valen nada, así que en las próximas horas habrá que decidir. Apostar por una fecha o por otra. Encontrar ese resquicio y aprovecharlo. Creo que es una situación que hay que sopesar muy muy bien. Ahora la montaña está sin casi nieve. No está peligrosa y por tanto, tenemos que aprovechar esta situación. Seguro que no vuelve a estar así en toda la temporada. Meditaremos, discutiremos, nos daremos por completo a esta nueva religión y sin duda, en los próximos días, la decisión tendrá que ser tomada, para bien o para mal. Nuestro margen de maniobra no es muy grande. Seguimos en nuestro asedio, mejor dicho, en el del Dhaula.

San Jorge a miles de kilómetros

"Nos gustaría estar celebrando este día tan especial con nuestra gente"

Carlos Pauner (24/04/2008)

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Hoy día de Aragón, los tres expedicionarios del Dhaulagiri vivimos la jornada de forma muy diferente a la mayoría del resto de aragoneses. Estamos a 4.700 m. en el campo base, tras haber instalado y dormido en el campo 2 a 6.800 m. Son días de descanso, de tranquilidad, pero no hay que olvidar que estamos en un remoto lugar del planeta. El hielo cruje bajo nuestros pies, nieva cada tarde con algo de intensidad y por la noches el frío atenaza nuestros cuerpos dentro de nuestras pequeñas casas de lona.

Llevamos ya un mes fuera de casa y esto empieza a notarse en nuestras vidas. Echamos de menos a nuestras familias y amigos, nuestras costumbres diarias, nuestra tierra, nuestra gastronomía, en fin, nuestra casa. Por eso, especialmente hoy es un día para la nostalgia. Nos gustaría estar celebrando este día tan especial con nuestra gente, respirando el aire de nuestra privilegiada región, paseando por el Tubo o disfrutando del paisaje de nuestras montañas. Nada de esto es así. Estamos sobre un glaciar, con miles de metros de montaña por encima de la cabeza y aún por escalar y con una ligera tensión que empieza a percibirse.

Hemos completado nuestra aclimatación y ya estamos esperando para esa gran ventana de buen tiempo que nos ha de permitir lanzar nuestro primer ataque al Dhaulagiri. Queremos descansar 3 o 4 días más y si el tiempo nos lo permite, lanzar ya la primera oleada sobre la montaña. De conseguirse la cima, sería fantástico, pues estaríamos completamente dentro de los planes trazados de antemano. Pero bueno, eso ahora no nos importa demasiado. Tan sólo nos interesa que todo salga bien, que alcancemos nuestro objetivo y que todos volvamos bien al campo base.

De momento, las condiciones de la nieve aguantan. No ha nevado demasiado y se mantiene la huella en la montaña. Todo lo colocado sigue en su sitio y no se esperan grandes nevadas en estos días venideros. Más al contrario, parecen días de viento, lo cual nos ha de ayudar a mejorar las condiciones de la ruta. En cuanto el viento tienda a calmarse, será el momento de partir y pelear por la añorada cima. Llevamos tan solo 18 días de campo base, pero la verdad es que todo ha salido bastante rápido hasta la fecha.

Por eso hoy es un día de reflexión, de añoranza, de cierta melancolía. No obstante, desde este lejano lugar, nos unimos a todos los aragoneses en la celebración de tan entrañable festividad. Deseamos lo mejor para todos y cada uno de nuestros compatriotas, agradecemos el apoyo que nos habéis brindado día tras días y nos mantenemos concentrados, para poder subir nuestra bandera a lo más alto del Dhaulagiri en unas fechas no muy lejanas.

De vuelta al hogar

En cuatro jornadas de trabajo logramos montar el campo 2 (6.800 metros) y equipar la ruta Tras cinco días de reposo decidiremos cómo atacar la cima

Carlos Pauner (22/04/2008)

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Casi se podría decir que de vuelta al hogar. Retomar el aire sano del campo base, el calor, tus cosas, tus comodidades es, sin duda, una experiencia difícil de explicar. Tras cuatro días vividos en el límite de lo soportable, comiendo lo justo, pasando frío y realizando un esfuerzo titánico, volver a esta paz es lo más cercano a estar en nuestro hogar. Nos duelen las piernas, nos abrasa la garganta, echamos de menos a los nuestros, pensamos en ellos, pero estamos contentos por el trabajo realizado.

El primer día subimos con carga hasta el campo 1 a 5.900 metros, donde dormimos. Al día siguiente, nos encaramamos por las largas pendientes que conducen al campo 2 (6.800). El camino se va empinando poco a poco, la altura se hace notar en nuestra desbocada respiración. Vemos el lugar, ese gran bloque de hielo bajo el cual colocar las tiendas razonablemente seguras, pero nunca llega. El tiempo pasa lento. Todo va quedando por debajo. Detrás nuestro, asoma la magnífica figura del Annapurna. Cien metros más, cincuenta y por fin, en medio de una pequeña ventisca heladora, conseguimos llegar a este curioso nido. Estamos muy altos, pero preferimos este lugar que está más o menos protegido, que otras alternativas más peligrosas. El viento sopla con fuerza, nos hiela la cara y las manos. No podemos montar las tiendas en estas condiciones, así que decidimos dejar todo ahí y bajar de nuevo.

Por la mañana, subimos otra vez al campo 2, donde, ahora sí, con menos viento, colocamos las tiendas. Tras este esfuerzo agotador, fundir nieve, hidratarse y, sin pausa, al saco, antes de que la helada de la noche caiga. Dura noche, los tres en un pequeña tienda, cubiertos por las escarcha y el hielo. Nada cambia la vida en altura. Siempre es lo mismo, pero es necesario, para poder completar la aclimatación. Parece mentira que los cuerpos sean capaces de recuperarse y de ponerse en marcha. Pero así es. Hace sol, pero viento. Estamos con otros grupos y no es fácil que decisión tomar. Todavía no tenemos en altura los trajes apropiados.

Iván y Fercho tiran para arriba con algo de cuerda que hemos colocado aquí entre todos. Tras 300 metros, deciden bajar y todos apuntamos hacia el campo base, hacia la vida. En cuatros horas abrazamos a nuestro cocinero Yanak y nos quitamos los atuendos que hemos llevado durante cuatro largos días. Bebemos, comemos y sentimos el relajo del trabajo realizado. Hemos montado el campo 2, muy alto y está abierto el camino hacia la cima. Ahora, durante cuatro o cinco días, no va a existir la montaña. Nos queda mucho por pelear, pero no hay que olvidar que ya hemos luchado mucho y gracias a eso, estamos en el buen camino. Estamos quemados, cansados, secos y envejecidos, pero por dentro, nos inunda la satisfacción del duro trabajo realizado en las laderas. Nuestro sueño, poner los pies en el punto más alto, cada día, está un poco más cercano. Casi lo podemos presentir.

Una gran oportunidad

Carlos Pauner (17/04/2008)

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Estamos en nuestro campo base, descansando tranquilamente y el tiempo es bastante bueno. No nieva y luce el sol. La nieve caída ha sido bastante purgada de la montaña y las condiciones parecen buenas. Además, los distintos partes meteorológicos de las diferentes expediciones, que rondamos por aquí, van coincidiendo y parece que vienen unos días de muy buen tiempo. Es la gran oportunidad, esa ventana que nos ha de permitir trabajar en la montaña durante 3 o 4 días para abrir la puerta a la esperanza.

Tras la reunión que tuvimos ayer todos los grupos, se decidió trabajar en común, españoles (mayoría), checos, polacos y demás, para abrir la puerta del Dhaulagiri. Esto significa ser capaces de acumular en el campo 2 toda la cuerda necesaria y fijarla entre el campo 2 y el campo 3, a casi 7.200 m de altura. Cada grupo, con el campo 2 instalado y la cuerda puesta hasta más de 7.000, ya tiene la oportunidad de ir para cima en un futuro muy cercano.

Nuestro equipo, por tanto, subirá el jueves hasta el campo 1, que ya montamos hace unos días. Dormiremos ahí e iremos al campo 2, para instalarlo y dormir. Al día siguiente habrá que trabajar en la ruta y volver a dormir en el campo 2. Con el alba, de vuelta al confort de nuestro pequeño hogar del campo base. Mucho trabajo, pero trabajo necesario en esta montaña. Si todo va bien habremos abierto el camino y estaremos en una fase muy diferente. Estaremos ya pensando en los primeros ataques a cima. Casi nada.

Hoy hay que prepararlo todo, para que nada falle allá arriba. Tiendas, gas, comida, cuerda, clavos, etc etc. Mucho equipamiento, pero todo va a ser necesario allá arriba. También habrá que preparar la mente. Tras estos días de calma, vienen días de mucho trabajo, de mucho esfuerzo y , por supuesto, de grandes riesgos. Que duda cabe, que personalmente, no me va a ser fácil dormir en el mismo sitio en que yacen Ricardo, Garcés y Santiago. Mi mente no puede dejar de recordar los grandes momentos vividos, especialmente con Ricardo. Con él compartí expediciones, momentos de amistad, sueños, ilusiones y parte de mi vida se fue para siempre con él. No, no va a ser fácil estar ahí. Pero voy a estar. Va a ser un homenaje a ellos, a esos bravos guerreros que entregaron su vida persiguiendo un sueño. Que ejemplo para los que quedamos. Que valor sin límites, pelear hasta el final, sin dudas, sin ambigüedades, sin tonterías. Estoy muy orgulloso de haberos conocido, de haber aprendido de vosotros, de haber podido compartir parte de mi vida con dos personas tan, tan especiales. Gracias hermanos. Todo mi esfuerzo en estos días irá dedicado a vuestra memoria gloriosa. Os quiero y formáis parte de mi. Formáis parte del Himalaya para siempre.

Va por vosotros y vuestras familias.

Año nuevo en Nepal

Carlos Pauner (14/04/2008)

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Hoy celebramos el año nuevo en Nepal. Comenzamos este 2.065 con buenos deseos y buenas vibraciones. Además Nepal se estrena con elecciones constitucionales, nuevo hito que marcará el futuro de este pequeño país lleno de montañas. Para nosotros son días de calma, de descanso, tras haber subido a la cota 5.900 m y haber instalado el campo 1, primer campo de altura de los 3 que necesitaremos para subir a la cima de este gigante. En unas 6 horas y media cruzamos bajo el pequeño Eiger, pared vertical que domina el campo base, para luego atravesar un largo glaciar hasta el enorme collado que conforma el comienzo de la arista NE del Dhaulagiri. Llegamos con buen tiempo, montamos las tiendas y comenzamos con las tareas de fundir nieve para obtener agua. Al caer la noche, la nieve hizo acto de presencia y a la mañana siguiente un blanco manto lo cubría todo. Tras pasar la noche en este lugar, comenzamos el descenso hacia el campo base, para descansar y permitir que el cuerpo se vaya recuperando del esfuerzo realizado. De momento todo va sobre lo previsto. En el próximo tirón habrá ya que montar el campo 2 a unos 6.500 m, pero eso será dentro de unos pocos días.

Hoy luce el sol de nuevo en nuestro campo base y hemos aprovechado para hacer una buena comida. Hemos traído dos buenas piezas de bacalao y nuestro amigo Asier, miembro de la otra expedición, ha instruido a nuestro cocinero en las artes de la cocina de este manjar. El resultado no ha podido ser mejor y hemos degustado un buen bacalao al pil pil que ha hecho las delicias de nuestros paladares. El estado de ánimo no puede estar más alto y nos encontramos tranquilos, con los deberes hechos hasta la fecha y con energía para pegar duro en esta montaña.

A pesar de la altura y del frío, los equipos de ordenadores y cámaras están funcionando perfectamente. Aprovechamos las horas centrales del día, las de más calor, para trabajar con ellos y poder enviar las crónicas y las fotos de nuestras peripecias, así como los videos para la televisión aragonesa. Es un trabajo duro, pero nos reconforta el poder compartir con todos los aragoneses estos bellos paisajes, tan alejados de nuestra tierra como salvajes en sus formas. Hablamos con expedicionarios de otros países sobre nuestras montañas, acerca de nuestras costumbres y no podemos evitar dejar entrever una cierta melancolía tras estas 3 semanas ya alejados de nuestro hogar. Poco a poco va pasando el tiempo y nos vamos acostumbrando a estar aquí, viviendo sobre el hielo y las piedras, escuchando avalanchas en la noche o reconfortándonos por los primeros rayos de sol en la helada de la mañana. Como animales de costumbres que somos, nos hemos hecho a este tipo de vida tan extraño y empezamos a encontrar cierto confort en nuestra existencia en las alturas. Es un proceso inevitable, necesario para seguir ascendiendo, para seguir soñando con la lejana cima de nuestra montaña.

Primeros escarceos

Carlos Pauner (11/04/2008)

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Por fin nos hemos adentrado en la montaña. Tras todo este tiempo de preparativos, aproximaciones y problemas, ayer nos encaramamos por estas primeras pendientes nevadas del Dhaulagiri. La idea era bastante sencilla, comenzar a movernos un poco y aprovechar para llevar algo de carga para hacer un depósito intermedio entre el campo base y el campo 1.

Aprovechamos que hacía bueno y hacia las 7 y media salimos del campo base. Los primeros pasos siempre se hacen duros, porque todavía la aclimatación no está muy conseguida y se nota la falta de oxígeno, que ya en esta altura es del 50 % del que disfrutamos en la playa. Poco a poco nos elevamos por el borde del glaciar, hasta llegar a la parte más horizontal del mismo, lugar donde dejamos el depósito y nos dimos la vuelta. Desde aquí aún queda recorrer un buen tramo de glaciar agrietado y unas formidables pendientes que nos han de llevar hasta los 5.900 m del campo 1. Pero eso será otro día.

De momento, el objetivo se ha logrado. Hemos dejado 2 tiendas, palas, gas y algo de cuerda en este lugar. El próximo día, cogeremos todo esto y junto con los sacos de dormir, será suficiente para montar nuestro primer campo en altura.

Hoy día 10 nos hemos levantado con un sol fantástico. El cielo está completamente limpio y hace calor. Notamos el cansancio en las piernas, pero ha sido bueno darles un poco de marcha. Hemos desayunado unos buenos huevos fritos con jamón y hemos probado los recuperantes energéticos que Domingo, dueño de la ortopedia La Paz, como siempre, nos ha proporcionado amablemente. Es curiosa esta mezcla de nuevas tecnologías y alimentos tradicionales. Personalmente, pienso que una cosa no quita la otra. El gusto y los sentidos se regocijan al poder seguir degustando los alimentos de nuestra tierra y los músculos, se benefician de estos preparados ligeros y muy energéticos que nos ayudan a recuperarnos un poco de las grandes palizas que aquí nos damos.

Estamos en el mundo de los contrastes. Tiendas de campaña sobre hielo y piedras, pero en su interior tenemos la más avanzada tecnología para el envío de imágenes y videos. Barras energéticas de última generación y la lata de aceite de oliva de toda la vida de nuestro Aragón. Calor insoportable cuando luce el sol de día y frío helador cuando las luces se ocultan. Todo es aquí así. Tranquilidad en el campo base o situaciones de verdadero peligro por encima de él. Contraste tras contraste. Es un mundo especial, donde la escalada, como tal, tan sólo es una parte del conjunto. Hay que acostumbrarse a vivir en estos lugares, arreglarse con los cocineros y porteadores. Afrontar la soledad, a veces asfixiante. Soportar la presión de una inminente salida hacia un terreno peligroso y traicionero. En definitiva hay que aprender a vivir con unas nuevas reglas, simples, precisas y duras. En el Himalaya nada se regala, todo se lucha. Quizás por eso nos atrae tanto estar aquí y poner a prueba nuestras fortalezas y debilidades.

Si tal y como hemos planeado, mañana vamos con todo el equipo hacia el campo 1, sin duda, tendremos una buena ración de Himalaya para nuestros cuerpos. Pero eso, eso, será otra historia...

La expedición
Carlos Pauner afronta esta primavera uno de sus retos más complicados. El alpinista de Montañeros de Aragón intentará hacer doblete y culminar los exigentes Dhaulagiri (8.167 metros) y Everest (8.848 metros). Le acompañan en la aventura los zaragozanos Marta Alejandre y Javier Pérez.
 
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