
LORENZO
ORTAS : "Subir al K-2 es la única forma de cerrar una página que sigue abierta"
48 años. Vicepresidente de Peña Guara. Ingeniero técnico agrícola. Superviviente
de la expedición del 95 que le costó la vida a Olivar, Ortiz y Escartín.
FRANCISCO OSAMBELA
Zaragoza - Lleva usted seis años casi desaparecido,
sin entrar en ninguna gran expedición. -
Sí, estoy retirado de las expediciones extremas. Hago montaña, pero más accesible,
donde está más garantizada la cumbre. - ¿Por qué? -
No quiero que mi familia vuelva a vivir un susto como aquél. Entonces me replanteé
muchas cosas y no quiero que los míos pasen de nuevo por una incertidumbre como
aquélla. Además, por cuestión de trabajo, tampoco lo tengo tan fácil.
- ¿Qué ha supuesto para usted conocer que se había organizado, con Garcés incluido,
un nuevo ataque al K-2? - Una envidia sana. El gusanillo siempre
está ahí, claro. Con Pepe mantengo una relación muy estrecha y me invitó a ir.
Siempre me está diciendo que vuelva con él a una gran expedición. Pero no. Se
acabó. El porcentaje de llegar a la cumbre del K-2 es muy pequeño. En el Cuello
de botella , el último día, te juegas la vida. Ahora hago objetivos de mucha más
seguridad. - ¿Qué es el K-2? - Para mí, la
montaña en la que dejaron la vida tres hombres increíbles. Tres amigos. Tres generaciones.
Ahora lo que quiero es que Pepe y los demás lleguen arriba para cerrar de una
vez una página que está abierta en el montañismo aragonés. -
¿Qué pensará si lo consiguen? - Me sentiré
aliviado. Nunca he terminado de volver del K-2. Por eso, cuando escribimos el
libro, quise que se pusiera el título de La montaña sin retorno . Ahora, si llegan
arriba, yo cerraré el cículo. Hay una deuda pendiente. -
¿Piensa mucho en aquel día de agosto del 95?
- Es imposible no hacerlo. Casi todos los días alguien me lo recuerda. Hoy mismo
me han preguntado por ello un par de agricultores con los que he estado por cuestión
de trabajo. Al principio fue peor, ahora más o menos ya me he acostumbrado. -
¿Qué secuelas físicas le han quedado? - Por
congelación me tuvieron que amputar total o parcialmente varios dedos: seis en
los pies y tres en las manos. - ¿Qué hace
que el Chogori sea tan peligroso? - Tiene
una ubicación geográfica muy especial, donde la meteorología te traiciona. Eso
nos pasó entonces. Sin casi darnos cuenta apareció el viento, con una fuerza increíble,
y... Fue una noche dramática. Cuando se planteó el ataque, sin embargo, las condiciones
eran buenas. - ¿Quiere recordar ahora? -
Yo renuncié al ataque final porque no me sentía bien y me quedé en el campo 4.
Sabía que sólo iba a ser una carga para los demás. Se marcharon Pepe, Lorenzo
Ortiz, Javier Olivar y Javier Escartín. Manuel Ansón se había bajado horas antes
porque tampoco estaba bien. A las dos horas regresó Pepe, tenía mucho frío y no
podía seguir... - Y los dos, en el campo 4,
mantenían contacto por radio con los otros tres... -
Sí. La última vez que hablamos estaban en la cima. Sé que mientras subían dudaron
porque había una nube que no les gustaba nada, pero por lo que sea decidieron
seguir. Yo les aconsejé que si no lo veían claro que no siguieran, pero... -
¿Y después? - Pepe y yo nos preparamos para
pasar la noche. Llegó el viento y se llevó la tienda de Pepe, al que le dio tiempo
a salir y a ponerse las botas por poco. Nos quedamos sin material esencial para
protegernos, como los guantes. Las congelaciones estaban garantizadas. -
Y sin saber nada de los demás... - Apenas
podíamos pensar en ellos. Las ráfagas eran tan fuertes que las oíamos venir. No
era un viento continuado, pero cuando venía era horrible. Teníamos que centrarnos
en sobrevivir. Era increíble. Hacía remolinos brutales y golpeaba la tienda de
una forma que tuvimos que rajarla para evitar que hiciera el efecto vela. Fue
una noche infernal. En cuanto pudimos comenzamos a descender para escapar de allí... -
Después llegó lo peor... - Bajando ya veíamos
a lo lejos cosas que no nos gustaban, como prendas, pero la mente en esas ocasiones
se niega a pensar en lo peor. Confiábamos en que los tres se habían refugiado
en algún lugar, allá arriba, y que bajarían más tarde. -
Pero... - Sí, ya en el campo base llegó un
momento en que nos dimos cuenta que algo había ido mal. Las horas y los días pasaron
y todo quedó aclarado: se habían quedado allí. -
Y ahora Pepe vuelve. - Yo le entiendo. Creo
que tiene una deuda pendiente con el K-2. Una montaña sólo se conquista cuando
llegas a la cima y luego logras bajar sano y salvo. Pepe sabe que subir al K-2
es la única forma de cerrar una página que sigue abierta.
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