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Un
adiós emotivo para el más grande
Un millar de personas asistieron en Zaragoza al funeral por
Pepe Garcés
RICARDO MARTÍ
Zaragoza
"Seguro que él
prefiere estar en las laderas de Dhaulagiri que en el cementerio
de Torrero". Ese era el triste consuelo ayer de Pepe Rebollo,
uno de los grandes amigos de Pepe Garcés, en el funeral del
gran himalayista aragonés, fallecido el viernes en el descenso
del Dhaulagiri. Todo el montañismo se dio cita en la parroquia
de Nuestra Señora de los Dolores de Zaragoza para dar el
último adiós a Pepe. Rostros sombríos, ojos
vidriosos, momentos de enorme intensidad.
Cuando Pepe Rebollo llegó a la iglesia
se abrazó desconsolado a Javier Pérez, Javier Barra
y Carlos Pauner, los tres compañeros de Garcés en
la conquista del K-2 el pasado verano. El golpe ha sido tremendo.
El Himalaya no ha tenido piedad con Aragón. La mala racha
de la última década no tiene precedentes. En las nieves
eternas reposan los cuerpos de Antonio López, de Javier Escartín,
Javier Olivar, Lorenzo Ortiz y Pepe Garcés. Dos generaciones
rotas. El montañismo se preguntaba ayer cuándo descansará
de tanta fatalidad.
Peña Guara tardará en reponerse
de este nuevo mazazo. En Zaragoza estuvieron Lorenzo Ortas, Cecilia
Buil, Manuel Avellanas, Toño Ubieto, Ignacio Cinto y su presidente,
Manolo Bara. Juan Oiarzabal, el único español que
ha conquistado los catorce ochomiles, tenía la carne
de gallina. "Era una persona alegre, que lo daba todo por
sus amigos y tenía un sentido del humor extraordinario. Nunca
estará tan preparado tanto física como psicológicamente
para afrontar el Dhaulagiri", expresaba el alpinista alavés,
que ya prepara una expedición el próximo año
al pilar oeste del Makalu.
La familia
Adoración, la madre de Pepe Garcés;
su hijo Pablo y la madre de éste, Charo; así como
Maribel, su compañera... la familia pidió de antemano
no ser fotografiada por respeto a su dolor. Otra de las personas
más tristes era Franco Pelayo, presidente de Montañeros
de Aragón, quien apenas reprimía las lágrimas.
"El domingo recibí un email de Pepe en el que me
decía que, si te sorprende la muerte en la montaña,
buscando la libertad, no se debe estar tristes. El ya es libre.
Animo y un beso". Corazones rotos en una calurosa tarde
de otoño. Tristeza y abatimiento entre el medio millar de
personas que abarrotaban la parroquia y los más de 500 amigos,
admiradores y curiosos que esperaban fuera.
Marcelino Iglesias, presidente de Aragón,
ya conoció cuando era presidente de la Diputación
Provincial de Huesca las alegrías y los sinsabores del Everest
y del K-2. "Pepe era una persona de una gran altura deportiva,
pero también de una gran dimensión humana. Tenemos
de él un recuerdo extrordinario", dijo el presidente.
José Atarés, alcalde de Zaragoza, también se
sumó al duelo del más grande. "El próximo
rocódromo que se construya en Zaragoza llevará el
nombre de Pepe Garcés".
Hubo políticos como José Angel
Biel, Fernando García Vicente, Fernando Arcega, Ramón
Tejedor, Antonio Suárez; directivos del montañismo
aragonés como Luis Masgrau, Rafael San Andrés, Jesús
Rivas, José Ramón Morandeira, Pedro Cameo o Jordi
Pons, vicepresidente de la Federación Española. Y
compañeros de Montañeros de Aragón como Carlos
Cirera, Manuel Ansón o Pepe Díaz estuvieron presentes
en el último adiós.
"Qué mejor muerte que morir
en la montaña. Era el destino de Pepe", dijo Oiarzabal.
Y Pepe Garcés, en lo más alto, tocando el cielo desde
las nieves eternas del Himalaya, sonríe en la montaña,
el gran amor de su vida.
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Franco
Pelayo
"Han subido sin oxígeno,
con mucho estilo, con el apoyo justo de la técnica,
manteniendo la grandeza y el reto de esta montaña."
(Pelayo
es presidente de Montañeros de Aragón) |
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