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El peligro
de las congelaciones
"A veces el montañero no se da cuenta de que tiene problemas hasta que
no baja", dice el doctor Arregui
RICARDO MARTÍ Zaragoza
Los alpinistas de Montañeros de Aragón en el K-2 ya llevan trabajando varios
días a gran altura montando los campamentos a más de 7.000 metros. Son momentos
clave de la expedición. Cuando se acumula el cansancio, la deshidratación y la
temperatura baja, el peligro de las congelaciones acecha. "Hay muchos
tipos de congelaciones, profundas y superficiales. Las segundas no tienen ninguna
importancia. Pero si afecta al tejido óseo, es irreversible. He llegado a ver
diferentes tipos de congelación en un mismo dedo", dice el doctor Ricardo
Arregui, jefe del departamento de neurocirugía de la MAZ. Uno
de los grandes problemas es la de localizar los primeros síntomas de una congelación.
"A gran altura, es frecuente la sensación de frío. En muchos casos, las extremidades
pierden sensibilidad. Pero a veces avisa el dolor y otras no. En las congelaciones
de los pies, ha habido casos de no percibir la lesión hasta que el montañero no
se ha quitado las botas en el campo base", comenta el doctor Arregui.
Las congelaciones en las manos o en la nariz son menos traicioneras. Es en las
situaciones de emergencia, cuando los montañeros deben vivaquear en situación
de apuro, donde se producen las lesiones más graves. De todo esto pueden hablar
perfectamente Lorenzo Ortas y Pepe Garcés cuando pasaron una terrible noche a
8.000 metros el año 95 subiendo el K-2. Ambos
sufrieron severas congelaciones en pies y manos. "Cuando estás en situación
de emergencia, lo primero es salvar la hipotermia. Sólo se congela el que consigue
bajar. Alguna vez he visto producirse una congelación en el campo base. Fue una
hindú que atendí el año 92 en el del Everest. Llevaba una deportivas para andar
por el hielo", explica el médico de la MAZ. Un
primer método de prevención es tomar aspirinas. Cuando el montañero alcanza las
grandes alturas, llegan los problemas. "Cada 100 metros baja medio grado la
temperatura. El alpinista se cansa, se deshidrata, las dificultades técnicas son
mayores, el cuerpo acusa el sobreesfuerzo y es menor la defensa contra el frío".
En situación de emergencia, lo primero "es ayudarle al herido a bajar. Ayudarle
a quitarse la ropa mojada y tomar líquido caliente", dice Arregui. Tratamiento
en el campo base En
el campo base, empieza el tratamiento. "Hay que tener prevención al recalentar
los pies, puesto que la extremidad se puede inflamar y aparecer las ampollas".
En la expedición del 95, Manuel Avellanas utilizó baños de recalentamiento y un
tratamiento vasodilatador consistente en aplicar localmente un gel de nitroglicerina
en las zonas congeladas. Así
se evitaba una vasodilatación generalizada de las arterias del organismo, ya que
podría llegar menos sangre a las zonas congeladas. Es importante no correr en
la recuperación de la lesión. "Hay un dicho que indica congelación en enero,
amputación en julio . Si no hay infecciones, no es necesario correr. No hay que
amputar hasta llegar al hospital si no se ve que afecta claramente al tejido óseo",
explica el médico guipuzcoano. Una
vez que el herido llega al hospital, empieza el tratamiento intensivo. "Se
realizan estudios analíticos y se observan las extremidades. Después se puede
pensar en la cirugía. Se llevan a cabo baños de limpieza una o dos veces al día
con productos hemorreológicos y anticoagulantes y estimulación medular con electrodos",
concluye Arregui. | |
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Franco
Pelayo "Han subido sin oxígeno, con
mucho estilo, con el apoyo justo de la técnica, manteniendo la grandeza
y el reto de esta montaña."
(Pelayo
es presidente de Montañeros de Aragón) | |
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