Recetas de cocina

La huerta en Aragón

Tomates, cebollas, borrajas, alcachofas, ajos, lechugas, pepinos o cardos no sólo producen interesantes economías en Zaragoza, también son piezas esenciales de la llamada dieta mediterránea, considerada por los expertos como la óptima en criterios de salud y calidad. Pero no sólo eso. Los productos de calidad cultivados en las huertas del valle medio del Ebro también representan una parte de nuestra historia y tradición que entre todos los aragoneses debemos tratar de salvaguardar. Los consumidores lo saben y apuestan por los productos autóctonos.

Harta y bella. Así describían a Zaragoza los viajeros que visitaban su entorno en los siglos XVI y XVII: bella, por la imponencia de sus palacios y construcciones, y harta, en alusión a la abundancia y excelencia de los productos de su huerta. Y no era para menos. Bañada por un sol resplandeciente y regada por la confluencia de tres ríos, el Ebro, el Huerva y el Gállego, los elementos fundamentales convirtieron a esta zona en una de las más fértiles huertas, un paisaje peculiar lleno de vida y colorido que extiende una alfombra natural de verduras y hortalizas.

Hoy, la huerta sigue siendo la alegría de esta tierra de paisajes agrestes. Alegría para la vista y también para el paladar, pues proporciona frutos y placeres sencillos. Cebollas de Fuentes de Ebro, tomates de Utebo, borrajas de Cadrete, ajos de Bardallur y Arándiga o cardos de Muel y Mozota son algunas de las muestras geográficas de la agradecida huerta zaragozana, que completa su abundancia con la excelente calidad y variedad de las frutas que produce.

La huerta del valle medio del Eb,ro se caracteriza por unos suelos limosos de aluvión y un clima extremado y ventoso que imponen en los vegetales cierta dificultad a ese desarrollo exuberante propio de los climas más benignos. Pero al crecer más lentamente, las plantas acumulan y concentran en sus órganos las sustancias que sintetizan. Por eso, las hortalizas de la huerta zaragozana siempre se han caracterizado por su desarrollo achaparrado y por su extraordinario sabor. Es el secreto de una huerta imponente, que se reserva la exclusiva de producir tesoros autóctonos como las borrajas, una de las joyas inimitables del patrimonio aragonés, o la cebolla de Fuentes, un placer dulce y agradable al paladar que incluso ha sabido aliarse con los cocineros gracias a la bondad que ofrece en la ceremonia del troceo, exenta de lagrimeos.

El espárrago

El espárrago ha sido a lo largo de la historia uno de los manjares más alabados. Un buen espárrago debe de tener color blanco y una textura suave y poco fibrosa. Entre sus propiedades destaca su bajo índice de calorías y proteínas y sus especiales cualidades laxantes y diuréticas. La zona de producción de espárragos, amparada por la Denominación Específica Espárrago de Navarra, está constituida por terrenos ubicados en Navarra, Aragón y La Rioja, que el Consejo Regulador considera aptos para la producción de espárragos con la calidad necesaria. Espárragos verdes, blancos y morados son recolectados en el mes de abril por los más de 1200 agricultores que se dedican en Aragón a la explotación y el cultivo de este producto. La zona aragonesa de producción la componen 42 municipios de las comarcas de Tarazona, Borja, Cinco Villas y Jacetania.

La borraja

En ningún lugar como en Zaragoza puede conocer el viajero la borraja, bravía planta originaria de África, que fue introducida en España por los árabes. Cien por cien aragonesa por la resistencia al frío y a las heladas, la borraja se cultiva en toda la huerta de Zaragoza, especialmente en Las Fuentes, Montañana, Movera y Utebo. Desde 1997, forma parte del patrimonio agroalimentario europeo. La borraja es protagonista de digestivos primeros platos, ya que ha demostrado una especial efectividad para protegernos del cáncer de estómago, y, rebozadas y fritas, conforman excelentes dulces conocidos como crespillos, típicos de Barbastro. La planta, rica en fibras y minerales, es diurética, sudorífica y tonificante y conforma un excelente depurativo para la sangre.

Agricultura Ecológica. Otro modo de entender la vida

Además del sistema agrario clásico, existe otra producción de alimentos vegetales, frescos y transformados, que se obtienen sin el empleo de sustancias químicas de síntesis, respetando el medio ambiente y conservando la fertilidad de la tierra mediante la utilización óptima de recursos. Es la Agricultura Ecológica, cuyo objetivo es obtener alimentos de la más alta calidad nutritiva y organoléptica. Para ello, se utilizan técnicas como el abonado orgánico, que contribuye a mantener la estructura del suelo y a mejorar su fertilidad, o la rotación de cultivos que rompe los ciclos biológicos de las plagas, entre otros. En definitiva, se trata de conseguir alimentos sin el empleo de materias extrañas contaminantes y manteniendo el equilibrio biológico del medio ambiente. Aunque no es una moda, sí podemos hablar de una tendencia en alza. La Agricultura Ecológica en Aragón está perfectamente organizada. El Departamento de Agricultura de la Diputación General de Aragón creó en 1995 el Comité Aragonés de Agricultura Ecológica (CAAE) con la misión de aplicar en la comunidad el sistema de control establecido en el Reglamento de la CEE.

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