La fruta aragonesa, en fresco o en sus derivados industriales, tiene un puesto privilegiado, consecuencia probablemente de la confluencia de una situación climática límite, en la que los saltos térmicos día-noche son importantes, con una elevada insolación. Si a esto unimos la tradición y el gusto por el trabajo bien hecho por parte de nuestros fruticultores e industriales, tenemos la clave de ese marchamo de calidad que la fruta de Aragón pasea por los mercados que la conocen.
Hay que destacar también la convivencia en nuestra fruticultura de técnicas tradicionales con los métodos más innovadores. Así, junto a variedades ancestrales, como la manzana Ver de doncella, la pera de Roma o el Melocotón Amarillo de Calanda, coexisten las variedades más modernas producidas por la genética mundial. El tradicional embolsado del melocotonero se combina con las actuaciones de las Asociaciones de Tratamientos Integrados en Fruticultura, que suministran un importante enfoque ecológico a nuestras producciones. Tampoco podemos olvidar toda la serie de productos artesanales e industriales derivados de nuestra producción frutal: orejones, jaleas, mermeladas, zumos pulpas, deshidratados, cremas y confituras.
Aragón cuenta ya con unas 50.000 hectáreas de cultivos frutales (manzana, peral, melocotonero, albaricoque, cereza y ciruelo), cuya producción está concentrada en los regadíos tradicionales del Jalón y del Bajo Cinca, los regadíos de La Litera y las modernas elevaciones del Bajo Ebro en la zona de Caspe-Mequineza. En los últimos 15 años, la superficie dedicada a frutales ha crecido en Aragón un 15%, mientras que la producción lo ha hecho un 81%. Si bien todas las especies han aumentado su producción, el aumento es particularmente significativo en el caso del melocotón -se ha triplicado- y de la cereza -que se ha duplicado. En Huesca, la producción más significativa es la de melocotón y nectarina. En Teruel, la de melocotón y en Zaragoza la manzana, melocotón y pera. La producción anual de fruta en Aragón muestra una tendencia creciente, debido fundamentalmente al incremento de los rendimientos por unidad de superficie y como consecuencia de las mejoras tecnológicas.
La fruta de Aragón en la historia
Marcial, el poeta bilbilitano, en la descripción que hizo de su patria, dirige alabanzas entusiastas a la calidad de la fruta que en ella se producían. Ignacio de Asso, el notable tratadista de la economía agrícola aragonesa, cita con gran elogio las frutas de hueso que, desde tiempo inmemorial, se vienen recolectando en las riberas del Xalón y del Xiloca, en Estada y Estdilla de Huesca y en otros puntos; las de pepita producidas en tierras de Daroca, los higos y hasta las granadas que se obtienen en la parte baja de la cuenca del Cinca, desde Fraga a Mequinenza; y por no alargar más las guindas de Monzón y de Malpica en Zaragoza, las duraznillas y ciruelas de Almozara, las uvas de Cuarte y Cadrete,las peras limoneras de Huesca y de Jaca y un largo etcétera.
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