María nació el 1 de abril de 1882 en Pozuelo de Aragón (Zaragoza). Su
infancia se desarrollaría conforme a lo habitual en una niña en esa época.
Asistió a clases en la escuela del pueblo el tiempo imprescindible para
llegar a «mal leer y a escribir». En aquellos años, los niños abandonaban
los estudios en el momento en que sus padres necesitaban su ayuda para
realizar pequeñas tareas en el campo o contribuir con unos ingresos
adicionales a las débiles economías familiares. A María le tocó espigar,
vendimiar, arrancar trigo o cebada y recoger olivas. Tuvo que emplearse en
«todo lo que salía». Pero a pesar de lo dura que hubiera sido la jornada,
encontraba un momento para dedicarlo a lo que comenzaba a ser uno de sus
principales entretenimientos: la lectura. Según recuerda, igual
«deletreaba» los impresos que caían en sus manos que «romances de ciegos,
libros de cuentos de la escuela y cosas así». Podemos suponer que dentro de
la concepción tradicional de lo que era propio y «respetable» en una mujer,
y más si vivía en un medio rural, no encajaba la pérdida de tiempo en la
lectura. Lo esencial para una mujer en esos momentos era ser buena ama de
casa, esposa y madre. Sólo cumpliendo esos papeles la comunidad las
consideraba miembros respetables e integrados en la misma.
Julita Cifuentes y Pilar Maluenda. Historiadoras
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Laicismo y
protesta anticlerical en
Aragón (1931-1936)
En la Europa católica del oeste y del sur, España era el único país que a
la altura de 1930 continuaba siendo un estado confesional en el que nunca
se había llevado a efecto la separación Iglesia-Estado. Como en otras
naciones de ese entorno, el avance de la secularización en la época
contemporánea se exteriorizó en el conflicto entre el clericalismo y el
anticlericalismo. Sólo que en España la presencia pública de la Iglesia era
mucho mayor y los sectores partidarios de un estado laico fueron incapaces
de lograr que la legislación acabara recogiendo algunas de sus demandas
(v.g. libertad de cultos). Los escasísimos resultados que en este sentido
consiguió la movilización anticlerical de la primera década
del siglo XX en España debieron ser frustrantes para los sectores
laicistas. Sin embargo, dicha movilización dejó un poso cultural que en las
dos décadas posteriores continuó arraigando y consolidándose como una de
las señas de identidad de los medios republicanos y obreros. Hacia 1930
republicanos, socialistas y anarquistas compartían una cultura política
anticlerical cuyas aspiraciones
más inmediatas eran la separación Iglesia-Estado, el reconocimiento de la
libertad de cultos, la secularización
de los cementerios y la legalización de las ceremonias civiles.
Mª Pilar Salomón Chéliz. Técnico superior de investigaciones. Universidad de Valencia
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Los diarios oscenses ante la
proclamación de la II República. El 14 de abril en la prensa de Huesca
Aquel mes de abril, el Cine Olimpia estrena el sonido con un filme de
Oliver Hardy; el cubierto en el Restaurante Flor cuesta un duro y a Huesca
ha regresado de su exilio parisino el anarquista Ramón Acín, uno de los
preeminentes artistas de la
ciudad. Reseñas de la vida social, crónicas deportivas y anuncios
publicitarios cedieron espacio a una actualidad política enfebrecida, que
hacía correr con frenesí los tipos de plomo en las cajas de imprenta
avivando el ritmo de las linotipias.
Jorge Orús. Periodista
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Guerra en
el frente y represión
en la
retaguardia
La
aniquilación
de la
II República
Hace ahora veinte años, saltó a la palestra la cuestión de si la República
había fracasado por sí sola o había sido aniquilada mediante la violencia.
Los primeros trabajos rigurosos sobre los orígenes de la guerra civil
detectaron las raíces del conflicto armado en esta etapa de la historia de
España. Y al ser contemplada a la luz de ese trágico final, la República
fue vista como un período plagado de alteraciones del orden público que
ocasionaban unas masas cada vez más radicalizadas, y de errores cometidos
por los inexpertos políticos republicanos. Una guerra con dos bandos tan
bien delimitados sólo podía ser el producto de una sociedad dividida, que
caminaba con pasos seguros hacia los extremismos políticos de la izquierda
y la derecha. Y tanto las equivocaciones, hechas desde el gobierno, como la
progresiva polarización social, confirmaban la incapacidad de los españoles
para sustentar un régimen democrático. Las cosas se pusieron en su sitio
cuando se constató que nada había escrito acerca de ese fatal desenlace. En
otras palabras, que si la República estaba condenada a fracasar es algo que
nunca sabremos con certeza, porque hubo quienes se encargaron de ponerle
fin.
Ángela Cenarro Historiadora. Universidad de Zaragoza
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La memoria
de los republicanos
La llegada de abril me trae siempre el recuerdo de dos acontecimientos
históricos: el 14, de 1931, proclamación de la República de la esperanza
para muchos españoles, y el 25, de 1974, la caída del fascismo en Portugal
que sería en definitiva el preludio de la caída
del fascismo en España. El primer acontecimiento no lo viví, pero el otro
sí. Sin embargo, en estas líneas que siguen quiero más bien rememorar el 14
de abril, cuando se cumplen los 70 años.
Y lo quiero rememorar como un homenaje a los que vivieron su llegada como
la aurora de un nuevo tiempo y a los que pocos años más tarde un golpe
militar les arrojó a la guerra, a la muerte y al exilio. Algunos de los
supervivientes de estos tiempos azarosos dejaron escritas sus peripecias
personales que
en la mayor parte de los casos han ido viendo la luz sufragadas a sus
propias expensas. Voy a hacer, pues, un recorrido por un buen número de
estas autobiografías, de estas memorias, con el objetivo de poner de
manifiesto su existencia, dándolas a conocer.
Herminio Lafoz. Profesor y miembro del Seminario de Fuentes Orales del IES Avempace
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Juan José Vera y la abstracción
Allá por 1947 Zaragoza pasa por un momento de ebullición cultural y
artística, que se concentra en la Librería Pórtico, cuyo propietario José
Alcrudo se convierte en el aglutinador de los artistas más interesantes de
la ciudad, hasta el punto de formarse un grupo pictórico que adopta el
nombre de su establecimiento. Se denominan Grupo Pórtico, que reúne en
principio a nueve pintores, paulatinamente reducidos a tres por el tiempo,
las controversias y las inquietudes: Santiago Lagunas, Fermín Aguayo y Eloy
Laguardia. Los tres, liderados por Lagunas (arquitecto) y concentrados en
su estudio (su propia casa) se convierten en los pioneros de la pintura
abstracta no sólo en Zaragoza sino en España, quizá influenciados por la
información que les llegaba a través de la citada librería. Así lo
atestiguaba el crítico y pintor alemán Mathias Goeritz al prologar el
catálogo de la exposición Grupo Pórtico de Zaragoza en Santander (1949),
escribiendo: «Si uno quiere saber lo que significa espíritu nuevo en la
pintura española, debe ir a Zaragoza1».
Manujel Val
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Reino de los gatos
Me di una vuelta por el viejo Barbastro: calles estrechas y casas muy
viejas, ventanas abiertas y resquebrajadas, gatos en los cuartos vacíos,
frío y tinieblas rencorosas, almacenes del diablo. Vieja ciudad, viejas
calles donde el sol juega con todos nosotros, nos ilumina y nos apaga a su
capricho.
Manuel Vilas
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Saramago: El mito entre nosotros
La nueva novela del premio Nobel José Saramago (1922), La caverna, puesta a
la venta recién nacido el tercer milenio -gozando de un eco mediático capaz
de eclipsar cualquier feroz apuesta navideña-, cierra una «trilogía
involuntaria» -a la que adscribimos Ensayo sobre la ceguera y Todos los
nombres- en la que el autor denuncia la deshumanización del recién agotado
siglo XX. Había ido ganándose Saramago en los últimos años un prestigio de
crítico con el sistema -en su literatura y en sus otras militancias-, pero
a fuer de sinceros, el sistema no le ha dado la
espalda. Al contrario, a la consagración definitiva del Nobel hay que sumar
el inestimable apoyo de los medios editoriales y periodísticos, que con
motivo de la aparición de La caverna ha alcanzado una unanimidad que para
sí quisieran muchos popes del mercado. Saramago, con su rebeldía, ha
logrado una audiencia de masas.
Antonio Losantos Salvador
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El hombre de la
corbata verde
Novela estrambótica
Capítulo 1
Donde se conoce el héroe de
esta desatinada y fantástica
historia de la vida
trágica contemporánea.
Poco después de las doce de la noche se oyeron en la calle los pasos
fuertes y desiguales del más extraordinario de los vecinos: el misterioso
Juan Marot.
Traía las manos en los bolsillos del pantalón, el chaleco desabrochado, el
sombrero en desorden. Tenía un aire de preocupación y misterio que daba que
pensar.
Jorge Orús. Periodista
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Con otro Acento
Cravan Vs. Cravan
El interés por la vida y la obra de Arthur Cravan crece lenta pero
inexorablemente. Casi en la clandestinidad venía subsistiendo su memoria,
hasta que se ha anunciado en Barcelona que el guionista y director de cine
Isaki Lacuesta (Gerona, 1975), rueda un largometraje, auspiciado por la
Universidad Pompeu Fabra, que pretende ahondar en su azarosa y desmedida
existencia. ¿Pero, quién es este inquietante Arthur Cravan, de
cinematográficos perfiles, capaz de concitar el interés apasionado de
gentes como Enrique Vila-Matas, el pintor Eduardo Arroyo, Enric Casassas,
Carles H. Mor...?
Víctor Pardo Lancina
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