Trébede   Artículos del mes.
  Diciembre de 2000

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Mensual Aragonés de Análisis, Opinión y Cultura.
 
«Porque vivimos a golpes...»
- Editorial -

Mientras los demócratas españoles recordábamos con alivio y sin ira la ya lejana muerte del Gran Dictador, ETA lo celebraba asesinando con su proverbial vileza a un ex ministro de la Democracia e intelectual de primera línea.
No deja de ser paradójico que cuando ha pasado ya un cuarto de siglo de la desaparición de la última dictadura del Occidente europeo, España padezca como ningún otro país continental la ciega brutalidad del nazismo en estado puro.


JOSÉ RAMÓN
MARCUELLO

 

ETA -y quienes la apoyan, tanto por acción como por omisión, que no son precisamente un breve puñado- supone un descomunal anacronismo en el mundo civilizado de fin de siglo. La primacía de la raza aria, el «muera la inteligencia», el tiro en la nuca, la aniquilación de toda disidencia y el imperio del terror nos parecían cosas de los tenebrosos años 30, incluso cuando Franco agonizaba. Nada más lejos de la realidad: 25 años después, las terribles alimañas que anidan en las simas de Zugarramurdi siguen empeñadas en devolvernos al canibalismo que preludiaba los festines rituales en las cavernas de Atapuerca.
Pero si bestial y precámbrico es el Rh negativo que circula por las venas de los asesinos etarras, no parecen menos irracionales y jurásicos los argumentos que utiliza el gran chamán de la tribu, el gudari Arzalluz, cuando atribuye a Franco el salvajismo de ETA. Y, para demostrarlo, echa vilmente sobre la mesa los casi mil muertos que se han ido amontonando día sí y día también desde aquel lejano 20-N de hace un cuarto de siglo. Lo de menos es que se trate de inocentes, de demócratas profesos, de periodistas o de simples servidores del Estado de derecho. Todo sirve para elevar a la sufrida patria vasca al lugar que el prefascista Sabino Arana le asignó en la penumbra de la basca troglodita. Volvamos a las cavernas, que impere de nuevo la ley sanguinaria del más fuerte, viva la muerte, mueran Unamuno, Blas de Otero, Gabriel Celaya...
¿Quién dijo que estamos tocando fondo? ¿Quién recuerda las palabras para Julia? ¿Quién nos animará a galopar hasta enterrarlos en el mar? «ETA no nació ni mata contra Franco sino contra España y los españoles», escribió Ernest Lluch en contestación a los sofismas de Arzalluz. Fue su propio epitafio en su artículo dramáticamente póstumo. Demasiados epitafios.

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Albarracín, geografía de montaña.

La comarca turolense de Albarracín coincide en sus límites con los municipios y tierras que han formado desde época medieval su comunidad histórica. Es la única de las comarcas aragonesas en la que su delimitación se ha visto determinada por factores históricos. Enclavada en una zona montañosa, todos los núcleos de población que la componen se encuentran por encima de los 1.000 m de altitud, lo que ha dotado tanto a la población como a la actividad económica de unas características muy peculiares. La tradición ganadera trashumante de tipo lanar, se va viendo limitada por la explotación forestal de los montes, cuyos beneficios redundan directamente sobre los ayuntamientos locales y por una nueva y floreciente industria maderera.

Trébede

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Piedras, barro, pastores y ovejas.

Las construcciones usadas por los pastores han sido las grandes olvidadas en el reciente auge de los estudios y publicaciones sobre el patrimonio etnográfico construido en Aragón. Y si el desconocimiento provoca falta de valoración y ésta una absoluta falta de voluntad de protección, así es como podremos encontrar la gran mayoría de las construcciones pastoriles aragonesas: arruinadas, irreconocibles, despreciadas, ignoradas...

Texto y fotos: Félix A. Rivas. Etnógrafo

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Romance de ciego para Fermín Galán

«Aquel grito que zigzagueaba potente pero sigiloso, fue a agolparse de súbito apretado de valor y heroísmo, en la garganta de los Pirineos, estallando al fin un amanecer en las nieves de Jaca. "¡Viva la República!" Es Fermín Galán, un joven militar, quien lo ha gritado, Fermín Galán, a quien el fervor popular naciente va a incorporarlo al cancionero de la calle». Así hablaba Alberti en La arboleda perdida, cantando la gesta de los capitales Galán y García Hernández. Un Rafael Alberti que el 1 de junio de 1931 estrenaba en el Teatro Español de Madrid, Fermín Galán. Romance de ciego en tres actos, diez episodios y un epílogo. Margarita Xirgu encabezaba el reparto en esta obra tejida de urgencias.

Esteban C. Gómez. Investigador y escritor

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Santiago Ruesta Marco, higienista aragonés en el exilio.

Santiago Ruesta Marco (Zaragoza, 25 de julio de 1899-Caracas, 31 de octubre de 1960), es una de las grandes figuras aragonesas en el exilio en Venezuela. Sin embargo, no ha habido el menor eco entre nosotros de su centenario, por la sencilla razón de que se ignoraba su existencia y su significado para la historia del «Aragón peregrino». Pero Ruesta fue uno de los más brillantes especialistas españoles de su tiempo en Sanidad e Higiene, un hombre convencido de que «la salud y el bienestar de un pueblo es y debe ser el objetivo primordial del Estado».

Eloy Fernández Clemente. Universidad de Zaragoza

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Cuarto centenario de su nacimiento. Jusepe Martínez, pintor y teórico aragonés

«Era Jusepe Martínez (Zaragoza, 1600-1682) más bien recio de cuerpo que delgado, de airosa apostura, el rostro redondo, la boca grande, los pómulos abultados, los ojos expresivos y rasgados, la nariz aguileña, la frente espaciosa, los cabellos largos y lacios caían sobre sus orejas, usaba perilla y bigote a la borgoñona, y el conjunto de su rostro revelaba la seriedad y honradez proverbial de su raza».
Así describía el conde de la Viñaza a nuestro personaje en sus Adiciones al Diccionario de Ceán Bermúdez, otro célebre biógrafo de artistas1. Tal semblanza está inspirada precisamente en el autorretrato de nuestro Museo de Zaragoza. Pero, ¿quién es ese digno caballero que nos mira intensamente desde el otro lado del lienzo?

María Elena Manrique Ara. Investigadora y profesora Universidad de Zaragoza.

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Un sabio humanista: Pedro Ramón y Cajal

Pedro Ramón y Cajal (1854-1950) ha sido uno de los mayores sabios y uno de los mejores médicos que ha dado Aragón en su historia1. Sólo su paradigmática humildad y la luz cegadora del astro de primera magnitud que fue su hermano le han impedido ser debidamente apreciado, en toda su grandeza, por los menos afortunados. Hoy, medio siglo después de su muerte, a la avanzada edad de 96 años, su figura se agiganta al considerar sus decisivas contribuciones a la biología animal, a la histología del sistema nervioso, a la ginecología y a la Patología regional aragonesa.

Fernando Solsona. Catedrático de Medicina. Presidente del Ateneo de Zaragoza

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El edificio entrañado

No sé que diferencia existe entre nostalgia, memoria o simple recuerdo cuando transcurridos los años todo reaparece; en un momento, como un relámpago, como una luz que es capaz de iluminarlo todo. El corazón lo percibe como un vuelco y este se transmite al resto del cuerpo. A partir de aquí el solo ejercicio de la ensoñación va reconstruyendo las piezas almacenadas en la memoria, ciertas o falseadas. Poco importa la certeza documentalista si la constatación de uno mismo se va apareciendo entre la niebla que ocultaba lo ya pasado, que impide ver lo que está por venir y que nos deja en el único espacio posible: el que su densidad permite. Ahí, justo ahí, toma forma todo como constatación de lo que existió, del lugar donde estuvo y todo lo que lo pobló.

Texto e ilustraciones: José Manuel Pérez Latorre. Arquitecto

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Ángel Anadón, decano de los gerentes teatrales. Medio siglo en el Principal

Ha sobrevivido a los vaivenes de la política, la sucesión de alcaldes, obispos, comisarios y censores. Ha sabido contentar a jerarcas y recalcitrantes, a demócratas de fina estampa y a rampantes de rompe y rasga. Ángel Anadón, gerente del Teatro Principal desde 1948 es la historia de las bambalinas zaragozanas, el sumo pontífice del complejo arte de la programación en una sala que cumple este año doscientos de historia. Hay quien afirma que vive en el teatro, aunque lo cierto es que sólo vive para su teatro. Desde hace medio siglo.

Víctor Pardo Lancina. Fotos: Daniel Pérez

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Para un bicentenario El teatro invisible

En ocasión de fastos conmemorativos, alguien ha de ejercer de aguafiestas. Así que por un rato adoptaré ésa entre las máscaras posibles. En dos siglos, ¡cuánto teatro no visto! Y sobre todo (lo que no es lo mismo), ¡cuánto teatro invisible!. Ni soy historiador ni he cumplido dos siglos: me limito a practicar el teatro y me limito a mi propia memoria. Varias de las iniciativas que hubiesen podido reducir la dimensión del teatro invisible (alguna de los cuales algo ha logrado) ha contado con mi participación. En lo que sigue habrá, pues, inevitablemente, algo del personaje idiota que dice: "¡Ay, si me hubieran hecho caso, otro pelo nos luciría!". Bueno, qué le vamos a hacer.

Mariano Anós. Actor

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Arturo & Flappi, electrónica musical

Resulta sorprendente que un grupo se demore casi once años entre su primer trabajo discográfico y el segundo, pero quizás lo sea más el hecho de que sean ya dieciséis los años que llevan en la brecha. Sus trabajos se enmarcan en la gran familia de estilos que es hoy en día la música de baile: house, techno, ambient, pop electrónico, groove... entre otros. Esta música, sin duda, es la más creativa, arriesgada y experimental de las actuales. La que ya algunos autores califican como la música popular contemporánea, y que tiene como denominador común la utilización, junto a los instrumentos tradicionales en el pop y rock, de los nuevos sonidos desarrollados desde los años setenta por la electrónica e informática musical.

Francisco Aguarod. Músico y director de estudio

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