| Artículos del mes. Marzo de 2001 |
| Mensual Aragonés de Análisis, Opinión y Cultura. |
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Era yo un estudiante de historia que empezaba a investigar sobre el sexenio
democrático en el Bajo Aragón cuando contemplé por primera vez un viejo
grabado de Víctor Pruneda, personaje redescubierto (y reivindicado) no
hacía mucho por Eloy Fernández Clemente. Desde ese primer momento me atrajo
su mirada enigmática, con cierto aire de melancólica tristeza en la cual
parecía condensarse una vida intensa, apasionada, no exenta de desengaños y
sufrimientos pero, sin duda, fuera de lo común. A partir de entonces,
confirmé esta primera impresión, me adentré en su figura y a él dediqué mi
interés en algunos trabajos históricos, pues, desde entonces, considero a
Pruneda como el político más importante del siglo XIX turolense.
Fue Pruneda, ante todo, un idealista, un revolucionario romántico. Su
defensa entusiasta del ideal republicano federal, generó en su tiempo
pasiones encontradas, suscitó debate, movilizó la sociedad turolense.
Mientras para unos era un trasnochado soñador (un «espectro del pasado» se
dijo de él), para otros, a los que me sumo, era un ejemplo de ética
política, de coherencia y honestidad en la defensa, siempre apasionada, de
sus profundas convicciones democráticas y republicanas. Toda una lección
ejemplarizante ante tanta indiferencia y pragmatismo en la actual práctica
política.
Lo dicho no quita para que Pruneda tuviera sus errores y contradicciones
(¡quién no los tiene!), pero no menos cierto resulta que su personalidad,
fuerte y fascinante a un tiempo, ha cautivado a todos cuantos nos hemos
aproximado a ella. Y es que, a la hora de escribir sobre él, el rigor
histórico y el latido emocional no tienen por qué ser elementos
contrapuestos, sino más bien complementarios.
Tras el hallazgo del legado de Pruneda en las dependencias del I.E.S. "José
Ibáñez Martín" de Teruel, la «pasión prunedista» pareció resurgir, al igual
que había ocurrido en el siglo pasado. La memoria histórica del viejo
republicano encontraba nuevos apoyos en el Instituto que, cien años atrás,
había sido el depositario de sus Diarios manuscritos. Algunos de estos
apoyos fueron entusiastas, como el de Fernando Herrero Buj, su director, o
el de los profesores Antonio Losantos y Alicia González, responsables de la
realización de la minuciosa y meritoria labor de inventariar el conjunto
del Fondo Víctor Pruneda que ha llegado hasta nuestros días.
En este positivo ambiente, surgió la idea de escribir una biografía sobre
tan importante personaje político. Esta tarea, a mí encomendada, era una
deuda moral, inaplazable y así lo entendimos todos que, de inmediato, nos
pusimos manos a la obra, cada uno en nuestro campo, con la intención de que
dicho objetivo llegara a buen puerto. Tal es así que, poco después, al
Claustro de Profesores del I.E.S. "José Ibáñez Martín", se empezaron a
sumar el apoyo de distintas instituciones: Ibercaja primero, el Rolde de
Estudios Aragoneses después, además del Instituto de Estudios Turolenses y
del Ayuntamiento de Teruel, del cual por cierto fue Pruneda el primer
alcalde democrático elegido por sufragio universal y que,
incomprensiblemente, dicha ciudad sigue ignorando en su toponimia urbana.
Pruneda, en el siglo XIX, intentó despertar conciencias, fomentar una
sociedad plenamente democrática formada por ciudadanos libres, cultos,
conscientes y defensores de sus derechos, anheló con pasión el progreso
económico y la regeneración de las tierras turolenses, a la vez que impulsó
todas las manifestaciones culturales en un Teruel que, aunque provinciano,
evidenció una gran vitalidad. En cierta medida le ocurrió lo que a Joaquín
Costa, al cual, pese a fracasar en su ambicioso proyecto de regeneración de
la vida nacional, nadie le cuestiona su importancia histórica. Este fue el
legado prunedista, lleno de idealismo, también de fracasos, una lucha tan
tenaz como meritoria, al igual que lo es hoy la que aúna energías e
ilusiones de todos los que queremos que la provincia de Teruel no sea un
recuerdo nostálgico del pasado sino una esperanza cierta de futuro. Tal vez
de este modo, la enigmática tristeza del grabado de Pruneda se difumine y
piense que sus más de 50 años luchando a favor de la libertad y el progreso
de esta provincia no fueron baldíos porque, un siglo después, otros
ciudadanos continúan en vanguardia con el mismo entusiasmo, con la misma
pasión, para que Teruel siga existiendo.
José Ramón Villanueva Herrero. Historiador y escritor
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