| Artículos del mes. Octubre de 2001 |
| Mensual Aragonés de Análisis, Opinión y Cultura. |
|
La provincia de Huesca, territorio que se ha dado en llamar Alto Aragón,
conservaba hasta hace unos cinco años un importante muestrario de calzadas
antiguas que la ignorancia institucional y la incultura general han
destruido en buena medida. Al igual que hoy, este amplio territorio formó
parte de las comunicaciones interpirenaicas y de las costas mediterránea y
cantábrica, siendo la vieja urbe ibérica de Huesca un nudo de
comunicaciones importante, como lo atestiguan los restos hallados
constantemente en la ciudad y en sus alrededores.
De las comunicaciones interpirenaicas nos queda el testimonio de las
calzadas que bajaban desde Somport a Jaca y de allí, por el Puerto de
Oroel, se incorporaban al río de los galos o Gállego. A este río, que
marcaba el trayecto hasta Zaragoza, se le incorporaba también la calzada de
Bearn, que pasa-
ba por el Puerto del Palo y el Valle de Echo. Por El Portalé también
entraba una calzada secundaria que ha dejado una cabañera y algunos
topónimos numerales, cerca de Huesca, que la referencian: Séptimo
(monasterio visigótico a orillas del Isuela) y Nueno. También un magnífico
puente romano que no se desmontó y que quedó ahogado en las aguas del
embalse de La Peña.
Otras rutas comunicaron los Pirineos y sabemos de su uso medieval como
caminos de Santiago por las advocaciones y los hospitales que se abrían a
un lado y otro de la cordillera, algunas de ellas controladas por los
sanjuanistas como la de Benasque o Bujaruelo, otras de origen más incierto
como las de Bielsa o Plan (Puerto de La Pez).
Ruta entre dos mares
La que unía los dos mares es bien conocida y sigue siendo muy frecuentada
en la actual carretera Tarragona-San Sebastián, aunque los trazados
difieren sin solapar el trayecto romano. Venía desde Lérida a tierras
literanas y del Cinca Medio. La importancia que cobró la ruta provocó la
refundación de los municipios de Monzón (Tolous) y Barbastro en época
medieval. Monzón en la mansio o mesón de donde tomó el nuevo nombre y
Barbastro, varios kilómetros al sur de donde tuvo su origen (por Coscojuela
de Fantova), junto a una vía secundaria que unía Huesca con los municipios
romanos de Asán (de límites similares al actual municipio de Loporzano),
Barbastro y Labitolosa. De esta calzada aún quedan algunos numerales:
Tierz, Quinto (antigua posada, hoy Estrecho Quinto) y Siétamo.
De Huesca partían algunos ramales para conectar con la de Zaragoza al
Bearn: en dirección a Zaragoza, por Cuarte (cuarto miliario) y hacia
Francia por Sexto, Octura y Nuevo (seis, ocho y nueve).
En el siglo XIII los templarios pusieron en marcha una ruta de
peregrinación y comercio que partía de Monzón, atravesaba el viejo puente
entre Monzón y Castejón del Puente y desde allí hacia Huesca (por Pertusa),
hacia Zaragoza (por Venta de Ballerías) y hacia Barbastro y Sangüesa,
pasando por el viejo puente de Fornillos de Apiés y uniéndose a Huesca por
dos tramos diferentes de los que quedaron varios restos.
En otro artículo podríamos hablar de los puentes y de todo lo que
conllevaba su construcción y mantenimiento, bastante desconocido en nuestra
historia, pero hoy nos vamos a referir a lo poco que podemos ver de unas
calzadas que han sufrido un abandono milenario o, peor aún, la acción
directa, funesta y sin sentido del hombre. Todos estos restos están, en el
momento de escribir este artículo, sin señalizar y desde luego sin
preservar.
En la calzada de Somport-Jaca-Zaragoza por el puerto de Oroel, se
conservan, en este último, varios fragmentos junto a la actual carre-
tera. Este camino se convirtió en cabañera real y guarda trozos del
empedrado en muchos puntos ocultos por la vegetación. Se ve la espina o
trazo central de la calzada de piedras más elevadas y estrechas, formando
un eje. Algo similar a las rayas que hoy separan los dos tramos de las
carreteras. La anchura era de unos 12 metros. El estado de conservación es
malo pero podría consolidarse. Hasta hace poco un mínimo cartel de madera
anunciaba su presencia en el tramo más vistoso, pero sólo queda el pequeño
mástil que la sujetaba. Conocemos la afloración de esta calzada en los
términos de Murillo de Gállego donde la llaman el Camino Romano.
La única ruta indicada y señalizada es la del Puerto de Palo, en el Valle
de Echo. Se conserva bien en algunos tramos y se han realizado pequeñas
obras para poder visitarla. En algunos puntos tiene pared lateral para
evitar su desmoronamiento.
La calzada romana que partía de Monzón ha dejado algunos trechos excavados
en la piedra. Importante es el que queda bajo la pared pétrea donde asentó
el poblado de Abin Cebollero o Cepollero, entre Monzón y Castejón del
Puente. Este puente tuvo unas veinte arcadas y se conservan siete pilonas
además de los estribos. El camino se estrecha en estos tramos en cuesta
abriéndose paso a pico en la roca. Allí se dibujaron las rodadas para los
carros y se dejó un resalte central a modo de espina que sirvió de apoyo
para los frenos carreteros. En este tramo, además, hay una curiosa leyenda
que implica al gigante Pierres por un lado -una grandiosa roca lleva su
nombre- y a un pobre bandolero llamado Pollero por otro. Éste tiene aquí su
tumba con su nombre rebajado en un abrigo donde, además, cuenta la
tradición que atracaba a los viajeros. Un montón de piedras lanzadas por
los caminantes que pasan por allí, corrobora la leyenda.
Caminos de carros
El último tramo conservado muestra una sección frontal del camino, habiendo
desaparecido totalmente el enlosado que tuvo que hacer de suave pendiente,
pues sin él los carros no hubieran podido pasar.
Más adelante, salvado el paso de Pertusa, que eso significa el topónimo,
en las laderas septentrionales de la Virgen de la Victoria y camino de la
antigua población de La Almunia de Doña Altabella, de propiedad templaria y
advocación jacobea, queda otro magnífico tramo excavado en la roca de unos
5 metros de ancho (igual que el anterior) y muy profundo, con pared de tres
metros y más. Tiene igualmente las rodadas y el sistema de frenado, aunque
bastante borrado. Algo más arriba aparecen restos arqueológicos abandonados
junto al camino.
En Huesca hubo dos tramos de calzada muy peculiares. El primero serpenteaba
por la ladera del monte Garrós, uniendo Huesca con Fornillos de Apiés, en
la vieja ruta que iba a Sangüesa. Tenía unos dos metros de anchura, no
parecía apta para carruajes y estaba enlosada de abajo arriba. Hace unos
siete años denunciamos el estado de abandono en que se hallaba.
Oficiosamente se contestó que ese camino era medieval, lo cual todavía
hubiera sido más relevante dada la escasez de caminos de esa época. Tres o
cuatro años después las obras de acceso al pantano de Montearagón la
condenaron, por ignorancia, a servir de desagüe de la pista. Se denunció en
los medios de comunicación y nadie dijo nada. Hoy apenas quedan restos.
Para que los carros pudieran ir de esa calzada a Huesca y viceversa había
un camino bien trazado que pasaba por el término de Bajo Cuesta, junto a
una casa fortificada romana excavada y abandonada. El trayecto pétreo se
labró de rodadas y sistema de sujeción para frenos. Hace un par de años al
ensanchar un camino que pasaba justo por encima, sirvió de escombrera,
quedando enronada. Las dos calzadas bien visibles y aún conservadas en
Huesca, desaparecieron, sin que ningún organismo público o privado,
relacionado con el patrimonio, se inmutara.
Texto y fotos: Manuel Benito Moliner. Etnólogo
|
| | ¿Qué es Trébede? | Nuestra revista | E-mail | © Cremallo de ediciones S.L. 1998-2001.
|