Trébede   Artículos del mes.
   Septiembre de 2001

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Mensual Aragonés de Análisis, Opinión y Cultura.
 
Las orejas del lobo
- Editorial -

Este verano que comienza a agonizar nos ha traído dos noticias aparentemente inconexas pero igual de inquietantes y de premonitorias. De una parte, los dramáticos sucesos de Génova. De otra, la temible operación «Olympia», es decir, el plan de saneamiento económico de la todopoderosa multinacional General Motors, de cuya filial Opel España dependen en Aragón 15.000 puestos de trabajo, entre directos e indirectos. Lo sucedido en julio durante la reunión del olimpo económico mundial (más conocido por el neutro alias de G-8) revela, cuando menos, la vigencia del axioma científico de que a toda acción le corresponde una reacción: a la globalización de la economía, la globalización de la protesta; a la interconexión electrónica de acti- vos bursátiles entre continentes a tiempo real, la convocatoria a la rebeldía vía Internet; a la internacionalización del dinero, el progresivo ecumenismo de la pobreza. Así de sencillo, así de trágicoS ¿así de irreversible?


JOSÉ RAMÓN
MARCUELLO
La crisis por la que atraviesa la mastodóntica multinacional del automóvil debe ser leída, necesariamente, a la luz de la llamada globalización, ese nuevo decálogo económico mundial en cuyo diccionario «excedentes» equivale a «pérdidas» o cualquier ganancia por debajo de lo estimado a bancarrota. Todo ello, claro está, para el cada vez más rico y reducido círculo del llamado Primer Mundo, mientras las fronteras del Tercer Mundo se agrandan cada día a pasos agigantados. Pero ese foso progresivo no sólo aísla cada vez más a los países ricos de los pobres sino que debe hacer reflexionar seriamente a países desarrollados en los que operan -y no precisamente por altruísmo- las grandes y gigantescas multinacionales. Y, en este campo, los temores que han ido aflorando en torno a la factoría de Opel España en Figueruelas (para la que trabajan 8.500 aragone- ses en planta, más otros 6.000 repartidos en casi un centenar de industrias auxiliares) no han hecho más que poner en evidencia el fundado temor de que detrás de los monocultivos suele anidar la más tremenda de las hecatombes. Desde hace más de 20 años, la industria aragonesa se ha ido agarrando progresivamente a la tabla de salvación de la Opel conforme agonizaba el sector electroquímico de Sabiñánigo y de Monzón, entre otros. Así las cosas, la dependencia económica de Aragón respecto de la factoría de Figueruelas se ha ido haciendo cada vez más decisiva. Al día de la fecha, las noticias que llegan de Alemania parecen tranquilizadoras. Pero, ¿hasta cuándo y en qué medida real? En los campos del Bajo Jalón, cuando cae el precio del maíz, siembran alfalce o leguminosas. Las cadenas de montaje no saben de cultivos alternativos, ni siquiera en invernadero.

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De Bruselas a Fayón

Así, a primera vista, podría parecer el título de un libro de viajes, obra de uno de los innumerables europeos que visitaron España a lo largo del XIX empujados por el vendaval del Romanticismo o atraídos por el señuelo heroico de la Guerra de la Independencia. Pero nada más lejos de la realidad: es un vuelo imaginario entre la meta de la llamada «marcha azul» y un pueblo aragonés acostumbrado, desde antiguo, a perder todas las guerras del agua.

Con un poco de suerte, tras la marcha sobre Bruselas, algo más se sabrá en Europa de un río y de una cuenca en el corredor de la muerte a manos de una especie de «mini-globalización» al hispánico modo, una versión atenuada del viejo principio que sostiene que alguien tiene que ser un poco más pobre para que alguien sea un poco más rico. Y, además, de forma imparable e irreversible. Así las cosas, que los dioses nos sean propicios, leve la tierra y ojalá los señores europarlamentarios se lo piensen dos veces antes de abrir el cajero de Europa para financiar el mayor despropósito hidráulico de la historia de este país.

Ahora bien, la «marcha azul» sobre la capital de la Unión Europea debería tener, aunque sólo fuera por cortesía, su oportuna réplica, su justo partido de vuelta consistente en un viaje de una comisión europarlamentaria por tierras de Aragón. Invitados a cuerpo de rey por el Gobierno de Aragón -tan falto de ideas el probrecico a este respecto-, sus euroseñorías podrían visitar, nada más cruzar la frontera, la agonizante Canal de Berdún, el desierto valle del Ara, los rápidos de la Galliguera a los pies de lo que queda de Riglos o la moribunda Ribagorza que pretenden amortajar en Santaliestra. Para rehacerse del susto, los viajeros podrían hacer cola ante las cisternas que abastecen cada día de agua de boca a decenas de pueblos de la mismísima ribera del Ebro. Recuperado el aliento y tras un refrescante periplo a través de los Monegros, los expedicionarios deberían callejear por las calles del viejo Mequinenza, al pie del montaraz castillo, primorosamente restaurado, para su particular uso y disfrute, por la misma empresa hidroeléctrica que mató el pueblo con premeditación, nocturnidad y alevosía.

Y ya a tiro de piedra, a través de una carretera digna del París-Dakar, los padres de la patria Europa, deberían recalar en Fayón, una pequeña villa de diseño -y todos sabemos cómo diseñaba el franquismo- de menos de 500 habitantes, asentada en un culo de saco que no lleva a ninguna parte. Bueno, sí: directamente al pantano del que emerge, patética y acusadora, la torre del viejo pueblo. Un pueblo desalojado de madrugada a punta de mosquetón y tricornio, bajo la terrible mentira de que la presa de Mequinenza se estaba viniendo abajo. Aquella madrugada -17 de noviembre del año 1967-, Fayón tenía 1.800 vecinos, campos, huertas en el Matarraña, minas de carbón y decenas de laúdes cuyos patrones vivían del transporte por el Ebro. Hoy, casi cuatro décadas después, Fayón tiene menos de 500 habitantes, los campos al otro lado del río -lo que obliga a sus cultivadores a un rodeo de unos 40 kilómetros-, una huerta sin agua, una memoria documental sepultada en el fondo del pantano de Ribarroja (tanto el archivo parroquial como el municipal se ahogaron para siempre aquel fatídico amanecer) y una piscina que, como un insulto a la institución provincial que la proyectó y financió, pierde casi una cisterna diaria por una grieta que nadie acierta a reparar.

Con su proverbial sentido de la hospitalidad, el alcalde de Fayón, José Arbonés, les invitaría a comer y a subir a la ermita del Pilar. Luego, a la bajada, quizás se atreviera a sugerirles, tímidamente, una rápida visita a su empresa asentada en el pueblo. Allí, decenas de chicas de Fayón confeccionan, con esmero y tenacidad, las piezas que diseña el hijo del alcalde. ¿Y qué hacen en el taller textil fayonense? Pues ni más ni menos que bañadores para atletas de alta competición. ¿Entenderían fácilmente sus euroseñorías tamaña paradoja? A lo mejor, el guía destacado por la DGA para el even- to tendría que hacer un difícil esfuerzo para salir de tan contradictorio embrollo.

José Ramón Marcuello. Director de Trébede

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Industrioso Cinca Medio

Situada al sur del Somontano de Barbastro, la comarca del Cinca Medio está compuesta por nueve municipios repartidos en una superficie poco mayor de 570 km 2, con un predominio de los núcleos urbanos frente a municipios pequeños y con la máxima densidad de población de toda la provincia de Huesca. La comarca del Cinca Medio posee una de las mejores articulaciones en el entorno que conforma la ribera del río Cinca con un rápido acceso entre los municipios y la cabecera de la comarca. A ello hay que sumar el hecho de que existe un equilibrio entre los sectores agrícola, ganadero e industrial, de forma que la zona se perfila como una de las comarcas más armónicas en el campo económico dentro del nuevo mapa administrativo de la Comunidad Aragonesa.

Trébede

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El barro de la vida.
Alfareros y tejeros en Santa Cruz de Moncayo

Casi 40 años después de que el último alfarero, Escolástico de Val, dejase de trabajar y de que cerraran los tejares, Santa Cruz de Moncayo ha recuperado los dos oficios tradicionales que fueron el motor de su economía durante siglos. Todo comenzó con la puesta en marcha, por iniciativa popular, de un pequeño museo en el que mostrar este rico pasado lleno de barro y un pequeño taller de cerámica. La iniciativa privada hizo el resto: hoy una alfarera, Gema Muñoz, vuelve a dar vueltas al torno en ese taller y otro vecino del pueblo, Alfredo Val, ha recuperado la industria tejera. Santa Cruz vuelve a enarbolar banderas de humo con olor a tierra cocida.

Juan Carlos Garza. Periodista

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La agitada vida de Torres Escartín.
«Tuyo y de la anarquía»

La existencia de Rafael Liberato Torres Escartín, «un sentimental rayando en lo infantil1», un hombre que en la mayoría de fotografías que de él conocemos aparece encadenado, que pasó prácticamente la mitad de su vida entre cárceles y manicomios, y que murió fusilado por las tropas de Franco, comenzó en la casa cuartel de la Guardia Civil de Bailo (Huesca), el 20 de diciembre de 1901.

Su padre, Pedro Torres Marco, allí destinado, era natural de Bolea, y su madre, Orencia Escartín Villacampa, de Biescas. Un hermano de Torres Escartín, Benito, fue encausado con motivo de la huelga que en 1932 paralizó las fábricas de Sabiñánigo en demanda de mejores condiciones laborales. Las acusaciones contra él y nueve trabajadores más fueron por los delitos de incendio, explosión y tenencia ilegal de armas y explosivos, con petición fiscal de una pena de 34 años de cárcel para cada uno. Defendidos por el famoso abogado Eduardo Barriobero, salieron en libertad. Otro hermano, Fidel, que residía con sus padres en Ayerbe fue fusilado en Huesca el 23 de agosto de 1936; bastó que tuviera los mismos apellidos que el conocido militante anarquista para ser condenado por los militarres sublevados.

En cuanto a Rafael, marchó a estudiar a Huesca, donde Ramón Acín lo inició en los principios del anarquismo2. Pronto abandonó los libros para trabajar como pastelero; atraído por el agitado ambiente social de Zaragoza, se desplaza a la capital, donde ya en 1919 milita en el Sindicato de la Alimentación y sigue con su oficio en casa Zorraquino y otras pastelerías de la ciudad. No descuida Rafael su formación libertaria ni la propaganda activa, como muestra el siguiente testimonio, que a pesar de la ausencia de referencias cronológicas, hay que situar en esta época: «Máximo empezó a leer los grandes pensadores franceses, rusos y otros. El primero fue Los Miserables de Víctor Hugo, que le prestó el conocido militante Escartín, éste que conocía a su tutor y a la demás familia, toda de derechas fanáticas le dijo:

-¿No serás tú como tu familia?

Máximo le contestó: Jamás

-¡Pues toma, lee!. Y le dio a leer Los Miserables3».

Las actividades de los militantes zaragozanos se basaban en acciones llevadas a cabo en el seno de "grupos de afinidad", dos de los cuales "Voluntad" y "Los Justicieros", que reunían a los más activos sindicalistas (Manuel Sancho, Clemente Mangado, Cristóbal Albadetrecu, Francisco Ascaso...) se unieron para crear un nuevo grupo que conservó el nombre de "Los Justicieros". El objetivo era crear una organización fuerte para enfrentarse al pujante pistolerismo patronal, organizado a imagen y semejanza del barcelonés. Es muy probable que en esta época, a finales de 1920, Torres Escartín viviese a caballo entre Zaragoza y Barcelona, donde entró a trabajar como repostero en el Hotel Ritz el 20 de octubre.

Mariano Pujalá. Historiador
Ilustraciones: Archivo del autor

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Luis Buñuel en México.
Los olvidados, entre la condena y la redención

A Buñuel, la fidelidad a sí mismo le forzó a una existencia más bien nomádica; en ese sentido, su trayectoria vital no se distingue demasiado de las de sus compañeros republicanos exiliados. Aún así, de toda su generación fue quizá el más aficionado a las transgresiones, y el menos dispuesto a adaptar su integridad artística a las exigencias de su medio. En 1939, Luis Buñuel se exilia de España; en 1946 decide abandonar Estados Unidos donde, tachado de rojo, se le trunca la carrera profesional; y cuatro años después, casi le expulsan de México por Los olvidados, una película sobre la delincuencia juvenil en la capital mexicana que escandaliza a la elite cultural del país anfitrión. En este último caso, sin embargo, le salva la entusiasta recepción de la obra en el festival de Cannes en 1951, donde recibe el premio a la mejor dirección y, sobre todo, el apoyo de un sector pequeño pero importante de la joven intelectualidad mexicana, liderado por Octavio Paz. La expulsión nunca se llega a materializar y Buñuel seguirá trabajando en México para convertirse en una de las figuras mayores del cine nacional.

Sebastiaan Faber. Oberlin College (EE.UU.)

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La vida y las gentes de Saviñán en tiempos de Gracián

En el décimo tomo de la reciente Gran Enciclopedia Aragonesa 2000, aún persiste el error de hacer a Francisco Gracián Garcés, padre del jesuita y escritor Baltasar Gracián, natural de Sariñena, provincia de Huesca. Sin embargo Francisco Gracián Garcés nació en Saviñán (Zaragoza) en 1564, siendo hijo de Antonio Gracián y de Isabel Garcés, ambos de linaje de infanzones. El error es relativamente moderno pues en el Ensayo para la descripción geográfica, física y civil del Corregimiento de Calatayud, de 1788, debido a Miguel Monterde, prior del Santo Sepulcro de Calatayud, se dice que en Saviñán «está el solar de la familia Gracián que ilustró el autor del Criticón». La profesora Belén Boloqui, que achaca este error al padre Batllori, ya aireó estas y otras circunstancias en su estudio "Baltasar Gracián: datos familiares inéditos (1563-1667)", publicado en las actas del II Encuentro de Estudios Bilbilitanos, celebrados en 1986, que completó con "Niñez y adolescencia de Baltasar Gracián", Suplementos Anthropos, Barcelona, 1993. En ellos también demostraba la existencia real de Lorenzo Gracián, hermano de Baltasar, nacido en Ateca en 1614.

Texto y fotos: Francisco Tobajas Gallego. Historiador y Escritor

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Manuel Pinillos.
Del amor, la muerte y la consagración a la poesía.

La vida de Manuel Pinillos fue una vida por y para la poesía. Y como elementos configuradores de una y otra, amor y desarraigo, muerte y búsqueda de lo absoluto, ejes que encierran toda una cosmovisión y engloban, a su vez, todos y cada uno de los aspectos que de alguna forma inquietan y conmueven al ser humano. Comenzaré por unas breves calas en la biografía del poeta, para centrarme en el estudio del amor y la muerte a lo largo de su vasta obra.

María Pilar Martínez Barca. Filóloga y escritora

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«He dedicado mi vida a las hablas populares»
Entrevista con Manuel Alvar

La reciente muerte de Manuel Alvar, del que admiré tanto su galana escritura como su inmensa obra erudita, me hizo recordar que hace dieciséis años le había entrevistado y, por causas que no recuerdo, aquella charla no salió nunca de la cinta grabada. Di en buscarla y la suerte dio en que apareciera, aun con sonido más bien rasposo. En 1985 Alvar aún no había sido nombrado presidente de la Real Academia, puesto que ocupó entre 1988 y 1991, pero ya tenía a sus lomos una obra inmensa que las necrologías se han encargado de reavivar. Lo recuerdo como un hombre extremadamente sensato que, a veces, parecía querer controlar una indignación a punto de arrollar ignorantes. Y la controlaba. Llevaba fama de serio, pero mediada nuestra charla apareció de pronto (debíamos andar por alguna de las dependencias del Palacio Provincial) Ángel Canellas, uno de los mejores oradores que me ha sido dado escuchar. Entre los tres surgió una conversación propia de cine mudo -si vale el oxímoron- o del dadaísmo más desaforado que, al recordarla escuchando la grabación, me ha demostrado cómo pueden surgir pautas de comunicación entre personas del más distinto pelaje. Sólo, que la índole de los temas no aconseja reproducirla en un medio de comunicación.

Se fue Canellas y continuamos con los temas serios.

Javier Barreiro. Escritor

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