La orden del Císter, que se instala en tierras despobladas, jugó un papel fundamental en la política repobladora de los reyes aragoneses. Los monarcas Ramón Berenguer IV, Alfonso II y Pedro II fueron los principales impulsores de la difusión cisterciense.
La arquitectura cisterciense se caracteriza por su reacción contra los excesos decorativos del románico. Con esta premisa logró imprimir a sus obras una simplicidad total, una austeridad absoluta, una desnudez ornamental y un sentido espacial de interiores equilibrados, utilizando siempre la piedra sillar cuidadosamente labrada y asentada.
El pragmatismo cisterciense animó a usar con provecho las peculiaridades constructivas de cada región. En el caso de la provincia de Zaragoza, debido a la escasez de piedra, se aceptó el ladrillo e incluso elementos mudéjares.
El Monasterio de Veruela es uno de los tres cenobios cistercienses de Aragón emplazados en la provincia de Zaragoza junto a los de Rueda de Ebro y el de Piedra. Fundado en 1146, no inició su proceso de construcción hasta 1160. En 1248 terminaron las obras y se consagró el edificio.
La iglesia es una construcción de tres naves culminadas por un ábside con numerosos absidiolos. El claustro, en torno al que se ordena el monasterio, presenta arcos apuntados y una sobresaliente galería superior plateresca, y da acceso a hermosas salas, como la capitular. Todo el conjunto respira quietud y tranquilidad, el paisaje idóneo para que Gustavo Adolfo Bécquer compusiera sus rimas y leyenda.
La orden cisterciense abandonó el monasterio tras la Desamortización de Mendizábal (1835), para ser ocupado por los jesuitas. La Diputación de Zaragoza lleva a cabo su gestión desde 1976, una gestión que incluye su restauración y orientación hacia actos culturales: conciertos o exposiciones.
Para visitar el Monasterio de Veruela:
Tfno.: 976 649025
Horarios: de 10.00 a 13.00 y de 15.00 a 18.00 horas.
CERRADO LOS LUNES
Para más información:
Oficina de Turismo de Vera de Moncayo
Paseo de Veruela, s/n
Tfno.: 976 649000