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La ciudad de Calatayud
A primera vista, sobre todo desde las panorámicas que ofrecen el castillo de Ayyub y la ermita de San Roque, Calatayud impresiona por la silueta de sus torres mudéjares que sobresalen por encima del casco urbano. Flanqueada por los ríos Jalón y Jiloca, esta creciente villa, declarada Conjunto Histórico y Monumental en 1967, apuesta por un futuro que pasa inexorablemente por su pasado.
La más alta de estas torres (nada menos que 68 metros) es la de la Colegiata de Santa María la Mayor, templo de estilo protobarroco construido a principios del XVII que consta de tres naves. Algunos de sus elementos simbólicos son el claustro, el ábside (obra en alabastro de Juan de Talavera y Esteban de Obray) y la mencionada torre mudejar octogonal, posiblemente el mejor ejemplo del mudéjar aragonés del protorrenacimiento. La Colegiata fue declarada Monumento Nacional en 1884.
La segunda en altura pertenece al templo de San Andrés, iglesia construida en 1580 con tres naves, la central más alta, y cuatro tramos, cubierta con bóveda de crucería y testero recto. En 1870 esta edificación se mandó demoler, aunque tal orden no llegó a ejecutarse. Este edificio, junto con el de Santa María, se emparenta con la desaparecida Torre Nueva de Zaragoza.
El antiguo convento del Santo Sepulcro posee un interesante y sencillo claustro mudéjar, aunque el estilo dominante es el barroco. De la iglesia de San Pedro de los Francos destaca su interior, uno de los más interesantes de cuantos brinda el estilo mudéjar en Aragón, por su bella planta de salón o "hallenkirche" (compuesta por tres naves de casi igual altura). Peculiar es también su torre inclinada que parece asomarse para ver el trasiego de la calle.
Calatayud cuenta entre sus encantos con monumentos de todos los estilos artísticos. La impronta árabe aparece en el recinto amurallado de la ciudad y en el urbanismo local, estrecho y oscuro, como la calle de la Bodeguilla. El estilo neoclásico resplandece en el Palacio Abacial, sede del museo de arte sacro, en el que se guardan piezas de gran interés artístico, como el órgano mudéjar del siglo XV. Y el barroco se manifiesta en la torre de la iglesia de San Juan del Real. Los amantes de la arquitectura militar pueden disfrutar con la visita al castillo.
Los cinco castillos
Calatayud contaba con un recinto amurallado que data del año 862 d. C. Y que estaba compuesto por cinco castillos unidos entre sí por una muralla salpicada de torreones. El más representativo de todos ellos es el castillo de Ayyub, y hoy es uno de los lugares más frecuentados por el turismo bilbilitano. El resto de fortalezas son el castillo de la Torre Mocha, el castillo de la Peña, el castillo de Doña Martina y el castillo del Reloj, también llamado Real.
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