Daroca: Una ruta llena de historia y leyendas
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Nuria Asín (El Periódico de Aragón)
Para descubrir los primeros pasos del arte mudéjar hay que acercarse hasta
la comarca de Daroca, y sobre todo, hasta la ciudad que ejerce la
capitalidad.
DAROCA
Ciudad que proyecta su espectacular imagen fortificada sobre
el barranco en el que se asienta. A su llegada, el turista quedará
maravillado ante la puerta Baja o Fondonera, construida en 1452, y cuyo
coste ascendió a 6.700 sueldos jaqueses. Esta puerta da comienzo a la calle
Mayor del municipio, en cuyo tramo final se dispone la puerta Alta, de la
que arranca el largo cinturón amurallado, de 3, 5 kilómetros, que rodea
Daroca.
Aquí, mejor que en ningún otro municipio se aprecian los
cambios arquitectónicos que experimentó el sistema constructivo de los
edificios, al modificar el trabajo de cantería en piedra, y pasar a utilizar
el versátil ladrillo. Unas reformas que, no sólo atañen a los materiales,
sino que introducen nuevos elementos decorativos y otras técnicas que
manifiestan el nacimiento de un nuevo estilo artístico, el galardonado
mudéjar.
En la torre de la iglesia de Santo Domingo de Silos de Daroca, del
siglo XIII, se aprecia el cambio constructivo al que anteriormente hacíamos
referencia, ya que su mitad inferior está realizada en un fino trabajo de
cantería, mientras que la parte alta está construida en ladrillo. Su sistema
decorativo recoge los elementos mudéjares de tradición islámica local, como
los vanos gemelos dispuestos en arco mixtilíneo, sobre los que se disponen
los arcos ciegos lobulados. En el alero, aparecen los modillones de rollos y
la serie de platos o discos de cerámica en uno de los colores típicos del
mudéjar, el verde, acompañado en esta ocasión, por piezas de un particular
color miel, que armoniza perfectamente con el color amarillo del ladrillo.
A poca distancia de Santo Domingo se encuentra el magnífico ábside
del templo de San Juan de la Cuesta, del siglo XIII, donde también se
conjuga la piedra y el ladrillo. En cuanto a la arquitectura civil, Daroca
posee uno de los ejemplos más destacados de Aragón, el Palacio de los Luna,
del siglo XV.
En lo alto de la ciudad se situa el recinto del castillo, del que
todavía se conservan restos de la primitiva alcazaba o fortaleza musulmana
del siglo IX. También de época mora es la Torre del Homenaje, junto a la que
se sitúa el popular pozo de la leyenda de la morica. La fortaleza
ha sido muy alterada por el paso de los años, ya que el castillo fue
desmantelado en 1707 por orden de Felipe V, y luego, reparado en 1837 por el
General Orán, quien mandó colocar unas aspilleras para la fusilería.
La monumental colegiata de Santa María (siglos XII-XIX), el palacio
de los Gil Bernabé, la Casa de la Comunidad, el templo de los Escolapios, de
estilo barroco y el Museo Colegial, en el que se guardan magníficas piezas
de pintura gótica y orfebrería, son otros de los encantos de la ciudad.
Junto a ellos, la singular torres de Santo Domingo, el ábside de San Juan de
la Cuesta y el Palacio de los Luna, todos ellos mudéjares.
BAGUENA
Al pie de la carretera de Valencia, en la margen derecha del
río Jiloca se sitúa Báguena, donde destaca la torre mudéjar de la iglesia de
la Asunción. Sus calles están llenas de edificios con rancio sabor
renacentista aragonés. Una mezcla de estilos que, unido a la tranquilidad de
sus calles, otorga al municipio un encanto especial.
SAN MARTÍN DEL RÍO Y NAVARRETE DEL RÍO
Navarrete asienta su casco
urbano en la orilla del río Pancrudo. Entre sus encantos está la torre
mudéjar de la iglesia de la Asunción. Del mismo estilo es la torre de San
Martín del Río. El museo del vino de la localidad es de gran curiosidad.
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