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![]() 14. El medio natural y el hombre. El ecosistema agrícola en AragónAgricultura y faunaGorrión (Passer domesticus), especie comensal de la humana. Embalse y campos sobre antiguos carrascales. Anaba. Casa abandonada entre campos y almendros. Subida al ibón de Estanés. Vacas pastando en Tierra Biescas. La creación de una estepa de gramíneas como son los campos de cereales, en donde otrora había bosques, ha favorecido a las aves esteparias en detrimento de las de formaciones más cerradas. La alondra, calandria, las cogujadas, totovía, terrera, el rozín o alondra de Dupont, la avutarda, el sisón o los aguiluchos se han visto favorecidos por el cambio de hábitat, a pesar de que las actuales técnicas agrarias están acabando incluso con estas especies. Otras aves se asocian a la actividad agraria, como los gorriones, la cigüeña o el cernícalo primilla (ziquilín de canalera), que como su nombre aragonés indica, cría en los tejados de las construcciones agropecuarias. Por otro lado, los productos fitosanitarios han acabado con cantidad de aves insectívoras, tan útiles a la agricultura. Ya en los años setenta se cifraba en 30 las especies de estas aves (carboneros, mosquiteros, reyezuelos, mitos...) que habían desaparecido de las zonas de frutales del Bajo Cinca. Si a esto sumamos la concentración agraria, que eliminó las márgenes entre campos que servían de hogar y cobijo a la fauna, el resultado es desolador. Más si tenemos en cuenta el impacto de las distintas enfermedades que han estado a punto de acabar con la población de conejos, fundamental para el ecosistema. Otro cambio importante ha sido la extensión del regadío, en especial del arrozal, que favorece a algunas aves asociadas a medios acuáticos. La segunda mitad del siglo xx, con la despoblación del medio rural y las políticas reforestadoras han dado un respiro al bosque en todo Aragón. Una consecuencia inmediata de este cambio es la expansión de animales como el jabalí, el corzo o el ciervo, expansión que por otra parte ha supuesto una desventaja para especies como la perdiz pardilla (Perdix perdix), de zonas abiertas, o el urogallo (Tetrao urogallus), acosado por el jabalí en los bosques pirenaicos. La perdiz pardilla no obstante notó para mal el abandono del cultivo de centeno en la montaña media. El siglo xx ha acelerado el proceso de extinción de especies, con el bucardo y el lince, a los que pueden seguir el oso, quebrantahuesos, urogallo, perdiz nival, águila perdicera y tantas otras, como los insectos, que sufren el abuso de productos químicos. Esto, que podría parecer una ventaja hasta hace poco, está llevando en los países occidentales a un trabajo para recuperarlos, pues su labor es básica en la fecundación de las plantas. El año 2006, por ejemplo, que fue abundante en abejas en el Alto Aragón, fue de alarma en Francia ante su desaparición, a pesar de que ya se habían adoptado medidas serias para la eliminación de los insecticidas más nocivos. En la actualidad no sólo estamos perdiendo la biodiversidad de especies animales y vegetales que forman el sustento de nuestra existencia, también la diversidad cultural, que en el tema que nos ocupa se refiere especialmente a la cantidad de variedades de plantas y animales domésticos que hemos heredado y que estamos dejando perder, en parte por desidia, en parte por las políticas de las grandes empresas alimentarias.
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