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14. El medio natural y el hombre. El ecosistema agrícola en Aragón

Cómo observar el paisaje humanizado

Antigua paridera. Construcción pecuaria en el Pirineo aragonés.
Saltamontes (Chortippus bruneus).
Campos en el somontano de la Plana de Uesca.
Construcción agropecuaria en la sierra de Guara.
Cultivos en la depresión media pirenaica.
Ena, en el prepirineo.
Construcción agropastoril en Lasieso. Alto Gállego.
Bisontes, extinguidos en libertad en Europa en el siglo xx.
Caballo de Przewalski, antecesor del caballo actual
Todo el paisaje aragonés está humanizado, no hay rincones vírgenes. Quien piense en Ordesa, por ejemplo, no tiene sino recordar las palabras de Lucien Briet a comienzos del siglo xx:
«El valle de Ordesa es la leñera del valle de Broto; allí vienen desde Torla á aprovisionarse de continuo de maderas de construcción y de carbones. Si aguzamos el oído escucharemos golpes de hachas que retumban en nuestro corazón. Ya el umbral está destruido y los leñadores no descansan: por todas partes hay trozos de terreno raso cada vez más extensos, y calvas abominables amenazan con extenderse por las laderas, ya bastante desgarradas por los guijarros que arrastran las lluvias».
Por tanto, el medio natural/humano lo podemos observar allá donde vayamos. En los campos de cereales, con unos prismáticos normales, disfrutaremos de las alondras (Alauda arvensis), cogujadas (Galerida cristata), terreras (Calandrella brachydactyla), calandrias (Melanocorypha calandra), trigueros (Miliaria calandra) y otras especies asociadas al cereal y la estepa. Si hay bosquetes cerca, es fácil que encontremos rastros de corzo (Capreolus capreolus) o jabalí (Sus scrofa). El corzo gusta de los amaneceres y los atardeceres, y es huidizo y difícil de ver, pero de costumbres fijas. Las rapaces más normales en estos campos son el cernícalo común (Falco tinnunculus) y primilla (Falco naumanni), ziquilín normal y de canalera, como se conocen más comúnmente. Son rapaces pequeñas, de alas acabadas en punta, se distinguen bien por su costumbre de quedar quietas en el cielo atisbando ratones. También comunes, los espabers o milanos (Milvus migrans) y el ratonero o esparbero d'os postes (Buteo buteo).
Las sardas y montes bajos mediterráneos, que ocupan el lugar de los antiguos bosques de carrascas, son un buen lugar para ver las diferentes especies de curruca, papafigas en aragonés, especialistas de estos medios, como la curruca rabilarga o paxaret royo (Sylvia undata), la carrasqueña o papafiga papirroya (Sylvia cantillans) y la cabecinegra o papafiga capezinegra (Sylvia melanocephala), además del albardero o tarabilla (Saxicola torquata). En zonas más abiertas y de matorral más laxo y seco, la curruca tomillera o tremonzillera (Sylvia conspicillata). Si hay algo de bosque, será más fácil encontrar a la curruca mirlona o papafiga de güello blanco (Sylvia hortensis). En zonas de todo el país con paisaje abierto y arbolado disperso es fácil ver cazar a los picapuercos o alcaudones, un ave con hábitos de rapaz, representada en Aragón por tres especies: común (Lanius senator), real (Lanius meridionalis) y dorsirrojo (Lanius collurio).
Las repoblaciones de pinos del último siglo son buen lugar para la familia de los páridos o chinchiperas, como el carbonero garrapinos (Parus ater) y el herrerillo capuchino (Parus cristatus). Si el bosque tiene árboles caducifolios, será más fácil ver también al herrerillo común (Parus caeruleus) o ferrero y al carbonero común o chincharana (Parus major). No falta en ninguno el pinzón o pinchán (Fringilla coelebs). El petirrojo o papirroy (Erithacus rubecula) es común en todos los bosques con buen sotobosque, como el mito o chinchipera cudilarga (Aegithalos caudatus). De las rapaces, la más común es el gavilán (Accipiter nisus). Y salvo en el valle del Ebro, el gai o arrendajo (Garrulus glandarius) se detecta rápido por su grito de alerta. Es un córvido de bosque de colores variados.
Los pastos de montaña tienen como protagonista al cudirroi o colirrojo tizón (Phenicurus ochruros) y a la cudiblanca o collalba (Collalba rubia). Las especies de cudiblanca (género Oenanthe) son propias de zonas abiertas, desde la alta montaña al valle del Ebro. Se distinguen bien por tener el obispillo -el «culo»- blanco, que contrasta con la cola y final de las alas negros. En el Pirineo comparten hábitat con la marmota (Marmota marmota), reintroducida en el siglo xx después de miles de años extinguida, y el sarrio (Rupicapra rupicapra).
Especies que se asocian a los hábitats más humanos son la urraca (Pica pica), llamada en Aragón picaraza y garza, el estornino negro (Sturnus unicolor), la tórtola turca (Streptopelia decaocto), el gorrión común (Passer domesticus) y el gorrión molinero (Passer montanus), la cigüeña (Ciconia ciconia), la golondrina (Hirundo rustica), el zorro o rabosa (Vulpes vulpes), ratas, algunos ratones y murciélagos, y en buena medida los milanos, los buitres y el alimoche o boleta (Neophron percnopterus).
Si lo que queremos es hacernos una idea de la fauna que vivía aquí hace unos miles de años, lo mejor es acercarnos a Lacuniacha en el pueblo de Piedrafita de Jaca. En un buen bosque de pino royo podremos observar especies como el sarrio (Rupicapra rupicapra), el corzo (Capreolus capreolus), el gamo (Dama dama), el ciervo (Cervus elaphus), el reno (Rangifer tarandus), el lince boreal (Lynx linx), el bisonte europeo (Bison Bonasus), el caballo de Przewalski (Equus Przewalski), el lobo (Lupus lupus) o la cabra montés. También es interesante subir a Tella, junto a los valles de Añisclo y Escuaín para ver la cueva y el museo del oso de las cavernas u onso espelunguero (Ursus spelaeus).

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