|
Estás en: Turismo > Guías de turismo ambiental de Aragón
![]() 3. Nuestros bosques. El hayedo en AragónEl Hayedo![]() Bosque húmedo en el Valle de Pineta ![]() El otoño tiñe de fuego el hayedo del Moncayo. ![]() ![]() ![]() Vista del espectacular hayedo del Moncayo ![]() El hayedo necesita tener los pies húmedos para desarrollarse correctamente. El hayedo es el bosque caducifolio por excelencia de la España atlántica, donde las precipitaciones son abundantes y hay nieblas frecuentes. No en vano, se dice del haya que le gusta tener la cabeza húmeda. Este árbol aparece por lo general en las laderas de las montañas orientadas al norte y al oeste, donde es más fácil captar la humedad de las borrascas que llegan del Océano Atlántico. No es exigente en cuanto al tipo de suelo, puede crecer sobre calizas, granitos o pizarras y únicamente necesita que el terreno no esté encharcado. Si se dan estas circunstancias, el hayedo sabe aprovecharlas y alcanzar el climax como formación boscosa de gran estabilidad. El hayedo es un bosque de aparición reciente sobre la Tierra. De hecho, es el bosque más joven de Europa y su rápida expansión constituye uno de los acontecimientos más espectaculares de la evolución de la vegetación de los Pirineos y la Península Ibérica. Se tiene constancia, de la existencia de estos árboles en el período Cuaternario (hace unos 5.000 años), por el hallazgo de fósiles de carbón de haya. Por aquel entonces reinaba sobre el Pirineo un clima suave y templado y hacía tiempo que este territorio estaba colonizado por el hombre. Se supone que un cambio de clima con descenso de temperaturas general en el período Subboreal (hace unos 4.000 años) desplazó a los robledales que eran los bosques predominantes y dejó vía libre a la rápida expansión del haya. A menudo, el hayedo forma un bosque puro que no permite la existencia de otras especies de árboles. Debido a su porte, dispuesto a modo de paraguas, y a su espeso follaje es un bosque oscuro y umbrío que no permite la entrada de mucha luz y, en consecuencia, no encontraremos sotobosque que lo acompañe. Sin embargo, sí que nos tropezaremos con abundantes briófitos (musgos), que colonizan sobre todo las bases de los troncos de las hayas y las piedras, así como helechos, que se ven muy favorecidos por la gran humedad ambiental. Estos bosques puros pueden desarrollar ejemplares magníficos de hayas por su grosor y altura que, desgraciadamente, aparecen rara vez; la mayoría de hayedos han sido profusamente cortados para la obtención de madera o carbón. Aunque el hayedo no fomente el acompañamiento de otras especies, sí se dejará ver en algunos lugares del Pirineo asociado con el pino silvestre (Pinus sylvestris) y con el abeto (Abies alba). Este último le ayuda a filtrar el exceso de agua del substrato hacia el interior de la tierra. Cuando el haya se encuentra con el abeto, se forma el hayedo-abetal, un bosque de montaña precioso y único, hábitat ideal para la existencia del oso pardo (Ursus arctos pyrenaicus). En ocasiones, se forman hayedos semi adehesados, que se producen cuando se aprovechan estos bosques y se saca madera y además son pastoreados por el ganado, lo que permite que algunos ejemplares se desarrollen y se forme así un bosque más abierto y muy diferente a los hayedos habituales. En el Prepirineo, el hayedo se ha visto relegado a las crestas de las laderas de barrancos orientadas al norte, donde se acumulan las nieblas que tanto necesita, y allí se ve obligado a compartir hábitat con otras especies como el tejo (Taxus baccata), el avellano (Corylus avellana), el tilo (Tilia platyphyllos) o el arce (Acer platanoides). También en el macizo del Moncayo, el haya puede formar bosques mixtos junto al roble melojo o rebollo (Quercus pyrenaica). El suelo está ocupado por la abundante hojarasca que, en su proceso de descomposición llevado a cabo por numerosos insectos que la transforman en el rico humus, se ha transformado en un suelo fértil, repleto de nutrientes, que el haya volverá a aprovechar. Se trata de un círculo perfecto, ya que aprovecha sus propias hojas una vez desprendidas al final del verano. Bajo la tupida alfombra que forman las hojas, la temperatura es más alta y es un buen refugio para multitud de pequeños seres como los ratones de campo. El haya se agarra al suelo y establece un sistema de raíces que se extienden como grandes pies con largos dedos muy superficiales, sin profundizar mucho en el suelo, a menudo pedregoso, de modo que resulta bastante vulnerable a la fuerza del viento o a la caída de un alud de nieve. Para evitar estas amenazas naturales, se vale de distintas estrategias. Siempre se ha dicho que la unión hace la fuerza y así la formación de bosques tupidos es ventajosa, ya que actúa como una especie de muro que disminuye sensiblemente la velocidad del viento. Para evitar ser arrancadas por las frecuentes avalanchas de nieve, la parte baja de los troncos de las hayas se curva en laderas muy empinadas y, de ese modo, ofrece resistencia al paso de la nieve. Los hayedos, además de ser magníficos y hermosos bosques con todas sus buenas acciones, evitan la erosión del suelo, son productores de oxígeno, actúan como refugios de fauna y cumplen una función como reguladores del clima. Las hayas son llamados los árboles "atrapalluvias" porque, literalmente, atrapan las nubes que precipitan sobre estos bosques o, en el caso de las nieblas, recogen la humedad del aire y destilan esas gotas por sus hojas hasta el suelo. Por ello, cuando se talan importantes extensiones de hayas, el nivel de precipitación desciende.
|
|
En RedAragon.com |
Top búsquedas |
Enlaces recomendados |
![]() |
|
Otras webs del Grupo Zeta: |
Contacto
- Ayuda
- Aviso Legal
- Publicidad - ![]() © Copyright 1998-2007. Diseño Web: DiCom Medios, S.L. |
![]() |