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![]() 7. La estepa en AragónEl hombreEl hombre ha utilizado todo su ingenio para retener el agua donde abrevar sus ganados. Campo de cereal y paridera al fondo en La Sotonera Ermita de la virgen de Magallón, en las cercanías de Leciñena. Estribaciones de la sierra de Alcubierre. El hombre es un viejo amigo de la estepa aragonesa. No en vano hay restos de su presencia en todo el valle del Ebro desde época prehistórica, seguramente de pueblos nómadas, cazadores y recolectores. La tradición ganadera de los actuales rebaños de oveja rasa aragonesa, tan característica de nuestros secanos, se remonta posiblemente a varios miles de años, si bien fue durante la Edad Media cuando sufrió un mayor impulso al promulgarse algunos privilegios reales que permitían a los ganaderos montañeses pastar en la estepa durante el invierno. Elementos íntimamente ligados al paisaje estepario son las humildes parideras, así como los aljibes y balsas, todavía abundantes en muchas comarcas, aunque en un lamentable deterioro. La agricultura también llegó a estas áridas tierras desde época prerromana, aunque sin duda siempre tuvo un carácter marginal, relegada por limitaciones técnicas y ambientales a las tierras próximas a los pueblos. El único sistema de aprovechamiento posible durante siglos ha sido el denominado de año y vez, es decir, cultivar un año y dejar en barbecho uno o dos años, para que la tierra recuperase la humedad y los nutrientes. En la actualidad, gracias a la potencia de los tractores y al aliciente de las subvenciones europeas, los cultivos se han extendido a zonas vírgenes, obteniendo siempre unos rendimientos escasísimos, aunque de gran calidad que actualmente se intenta poner en valor con producciones ecológicas. Un aprovechamiento tradicional e importante en muchas localidades, que ya se ha perdido por escasa rentabilidad y mano de obra, era la recolección del albardín o esparto, utilizado para elaborar cuerdas, alpargatas, serones, capazos y cenachos, e incluso papel. A pesar de la distancia y del paso del tiempo, la forma de vida en la estepa aragonesa comparte con otras estepas del mundo el valor de la austeridad, la adaptación, por exigencia del medio a los ciclos de lluvias y sequías. Toda una cultura del agua, de canalización, almacenaje y dosificación para ganados y cultivos, transmitida por pueblos bereberes que llegaron y se asentaron en nuestra región, permitió impulsar la economía y el crecimiento de la población mediante aprovechamientos que han sido la base de nuestra economía hasta mediados del siglo XX.
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