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4. La naturaleza en la alta montaña aragonesa

Fauna de alta montaña

Dos ejemplares de sarrio.
Sarrios sobre la nieve, en invierno.
Un ejemplar de acentor alpino (Prunella collaris), que se alimenta de insectos y semillas.
Dos ejemplares de buitre leonado (Gyps fulvus) en pleno vuelo.
Chova piquigualda, Pyrrhocorax graculus.
Espectacular imagen del Valle de Pineta.
Los bosques tapizan las laderas hasta lo más alto de las cumbres.
El Moncayo es la cumbre más alta del Sistema Ibérico.
La existencia de fauna en la alta montaña se ve condicionada por los mismos factores climatológicos que explicábamos en el apartado de flora alpina. Son muchas menos las especies de fauna que se han adaptado a la vida en estos exigentes ambientes. Eso sí, hablaremos de verdaderos especialistas en montaña.
Entre los anfibios encontramos la rana bermeja (Rana temporaria) que habita en prados húmedos cercanos a ibones, y el tritón pirenaico (Euproctus asper) endémico de los Pirineos que vive en arroyos e ibones. La víbora aspid (Vipera aspis) o la lagartija de turbera (Lacerta vivipara) alcanzan en verano las cumbres rocosas llegando hasta los 3.000 metros de altitud.
Los mamíferos más adaptados a vivir en las altas montañas desarrollan diferentes estrategias que les permiten habitar este biotopo. El sarrio (Rupicapra rupicapra) cambia su pelaje en invierno y desciende en altura a zonas donde puede escarbar en la nieve y buscar alimento en forma de ramitas y hierbas secas. Pequeños roedores como el topillo nival (Microtus nivalis) pasan el invierno bajo la nieve y la marmota (Marmota marmota) también de la familia de los roedores, es cada vez más abundante en los prados, donde no pasa desapercibida a nuestra vista por sus ruidosos chillidos. El armiño (Mustela erminea), cambia su pelaje marrón por un manto blanco en invierno con el objetivo de pasar desapercibido.
Las aves son el grupo mejor representado si no contamos el de los insectos. Las más adaptadas a este medio y las que lo ocupan todo el año son la perdiz nival o lagópodo alpino (Lagopus mutus) que con su plumaje blanco en invierno y pardo en verano se confunde con el paisaje y es realmente difícil de observar. Sus patas emplumadas y su doble plumón le ayudan a sobrevivir en el frío invierno. Otra especie de altura es el gorrión alpino (Montifringilla nivalis), un gorrión con blanco plumaje que en inviernos excepcionalmente fríos y en días de temporal desciende y es más fácil observarlo. El acentor alpino (Prunella collaris), que se alimenta de insectos y semillas y que en invierno baja hasta los valles y se convierte en habitante de los pueblos pirenaicos. La chova piquigualda (Pyrrhocorax graculus), que en montañas como los Alpes llega a vivir a 4.000 metros de altitud y que será acompañante ruidoso de los montañeros en verano. Es en esta estación cuando la alta montaña recibe a otras especies como el roquero rojo (Monticola saxatilis), collalba gris (Oenanthe oenanthe) o el bisbita ribereño alpino (Anthus spinoletta). También en verano y siguiendo a los grandes rebaños, el quebrantahuesos (Gypaetus barbatus) o el buitre leonado (Gyps fulvus) habitan las altas cumbres deleitándonos con su majestuoso vuelo.

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