George Orwell en Alcubierre
Cuando en julio de 1936 se produce el levantamiento armado contra la República española, George Orwell decide viajar a España para trabajar inicialmente como periodista; pero las circunstancias le llevaron a enrolarse en las milicias del POUM.
 George Orwell. |
En octubre de 1936, las tropas de Franco ocuparon Leciñena y Santa Quiteria, cerrando la marcha republicana sobre Zaragoza. Y allí se quedó el frente estabilizado hasta marzo de 1938. Orwell llegó a ese frente en diciembre del 36 y cuatro meses después fue trasladado a la ofensiva republicana sobre Huesca donde resultó gravemente herido de un disparo en la garganta. Toma parte en los sucesos de Mayo del 37 en Barcelona; y, como sus compañeros del POUM, sufrirá persecución por parte de los estalinistas del PSUC y se verá obligado a huir de España, atravesando la frontera como simple turista.
En 1938, cuando aun no había llegado a su fin la guerra civil, escribe Homenaje a Cataluña, donde relata sus experiencias en la revolución española. Describe muy bien su llegada a las trincheras de Alcubierre, a las que llegaron tras varias horas vagando perdidos entre la niebla sobre una camioneta: "Por la tarde hicimos nuestra primera guardia y Benjamín nos llevó a recorrer la posición. Frente al parapeto había un sistema de trincheras angostas, cavadas en la roca, con troneras -ventanas bajo los sacos terrerros- muy primitivas hechas con pilas de piedra caliza. Doce centinelas estaban apostados en diversos puntos de la trinchera y detrás del parapeto interior. Delante de la trinchera había alambradas, y luego la ladera descendía hacia un precipicio aparentemente sin fondo; más allá se levantaban colinas desnudas, en ciertos lugares meros peñascos abruptos, grises e invernales, sin vida alguna, ni siquiera un pájaro. Espié cautelosamente por la tronera, tratando de descubrir la trinchera fascista".
Orwell esperaba que el enemigo estuviera "a cincuenta o cien metros", pero vio que "en la cima de la colina opuesta, al otro lado del barranco, por lo menos a unos 700 metros, se veía el diminuto borde de un parapeto y una bandera roja y amarilla ¡la posición fascista!. Me sentí indescriptiblemente desilusionado: estábamos muy lejos de ellos y, a esa distancia, nuestros fusiles resultaban totalmente inútiles".
Apuntes de miliciano
Orwell recoge en Homenaje a Cataluña diversos apuntes realizados en el frente de Aragón.
ARMAMENTO
Estuve a punto de desmayarme cuando vi el trasto que me entregaron. Era un máuser alemán fechado en 1896; ¡tenía más de 40 años! Estaba oxidado, tenía la guarnición de madera rajada, el cerrojo trabado y el cañón corroído e inutilizable.
 "A veces valía la pena contemplar la aurora que surgía detrás de las colinas". |
ARTILLERÍA
Toda la artillería asignada a este sector del frente consistía en cuatro morteros de trinchera con 15 cargas cada uno. Desde luego eran demasiado valiosos como para ser utilizados, por lo cual, eran guardados en Alcubierre.
AURORAS
No me gusta la montaña, ni siquiera como espectáculo... Sin embargo a veces valía la pena contemplar la aurora que surgía detrás de las colinas, las primeras estrechas vetas de oro que como espadas atravesaban la oscuridad, y luego la luz creciente y los mares de nubes carmesíes alargándose hasta distancias inconcebibles.
CAMARADAS
Había vivido en una comunidad donde la esperanza era más normal que la apatía o el cinismo, donde la palabra 'camarada' significaba camaradería y no, como en la mayoría de los países, farsante.
COMUNISTAS
Yo no podría, por ejemplo, ponerme a discutir la lucha de Barcelona con un miembro del Partido Comunista. Pues no admitiría que he dado una versión veraz de los hechos. Como si en un campeonato de ajedrez, uno de los competidores comenzara de pronto a gritar que su contrincante es culpable de un incendio o de bigamia. La cuestión que realmente importa no se aborda nunca.
DISCIPLINA
El mero hecho de que las milicias revolucionarias hayan permanecido en el frente constituye un tributo a la fuerza de la disciplina revolucionaria, pues hasta junio de Í937 lo único que las retuvo allí fue la lealtad de clase.
ESCARAMUZAS
Descubrimos un campo de patatas donde casi no había ninguna protección y teníamos que recogerlas de bruces, posición realmente agotadora. Si las ametralladoras fascistas nos descubrían, debíamos aplastarnos como la rata que pasa por debajo de una puerta, mientras las balas desmenuzaban los terrones de tierra a nuestro alrededor.
ESPAÑOLES
Los españoles son buenos para muchas cosas, pero no para hacer la guerra. Los extranjeros se sienten consternados por igual ante su ineficacia, sobre todo ante su enloquecedora impuntualidad... Pero prefiero ser extranjero en España y no en cualquier otro país ¡Qué fácil resulta hacer amigos en España!... Desafío a cualquiera a verse sumergido, como me ocurrió a mí, entre la clase obrera española y a no sentirse conmovido por su decencia esencial y, sobre todo, por su franqueza.
FRANCO
Franco no era estrictamente comparable a Hitler o Mussolini. Su ascenso se debió a un golpe militar respaldado por la aristocracia y la Iglesia y en lo esencial, especialmente al comienzo, no constituyó tanto un intento de imponer el fascismo como de restaurar el feuda-
lismo. Ello significaba que Franco debía hacer frente no sólo a la clase trabajadora, sino a diversos sectores de la burguesía liberal, precisamente los grupos que apoyan al fascismo cuando éste aparece de una forma más moderna.
FRENTE
Allí el frente no era una línea continua de trincheras, lo cual hubiera resultado imposible en un terreno tan montañoso, sino simplemente una cadena de puestos fortificados colgados en la cumbre de cada colina.
 "A esa distancia, nuestros fusiles resultaban totalmente inútiles".
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FRÍO
Una noche helada hice en mi diario una lista de las prendas que tenía puestas. Llevaba un chaleco grueso y pantalones, una camisa de franela, dosjer-seys, una chaqueta de lana, otra de cuero, pantalones de pana, calcetines gruesos, polainas, botas, un pesado capote, una bufanda, guantes forrados y gorra de lana. No obstante, temblaba como una hoja.
FUEGO GRANEADO
Siempre se siente lo mismo bajo el fuego graneado, no se teme tanto el ser herido como no saber 'dónde' se producirá la herida. Uno se pregunta todo el tiempo por dónde entrará la bala, y eso otorga al cuerpo una muy desagradable sensibilidad.
GRANADAS
La granada usada en esa época era un objeto terrorífico al que se le conocía como granada FAI. La palanca no estaba sostenida por un seguro, sino por un trozo de cinta adhesiva. Al arrancarla tira había que librarse de ella a la mayor velocidad posible. Se decía que estas granadas eran 'imparciales': mataban tanto al enemigo como a quien las arrojaba.
JOVENES
No hay nada que pueda convencer a un español, sobre todo si es joven, de que las armas de fuego son peligrosas.
INSTRUCCIÓN
La llamada instrucción consistía simplemente en ejercicios de marcha del tipo más anticuado y estúpido: giro a la derecha, giro a la izquierda, media vuelta y todas esas inútiles tonterías que aprendí cuando tenía 15 años... Si se cuenta con pocos días para adiestrar a un soldado para una guerra de guerrillas debe enseñársele cosas que le serán más necesarias: cómo ocultarse, cómo avanzar por campo abierto, cómo construir un parapeto y cómo utilizar las armas.
RECUERDO
Fue espantoso mientras duró, pero ahora constituye un buen sitio por el que pasear mi mente. En mi memoria los hechos se encuentran inseparablemente ligados al frío invernal, a los destrozados uniformes de ¡os milicianos, a los ovalados rostros de los españoles, al sonido telegráfico de las ametralladoras, al olor a orines y pan podrido, al sabor metálico de los potajes de judías engullidos apresuradamente en escudillas vacías.
REVOLUCIÓN
En Cataluña, durante los primeros meses, el poder estaba casi por completo en manos de los anarcosindicalistas, quienes controlaban la mayor parte de las industrias clave. De hecho, lo que había ocurrido en España no era una mera guerra civil, sino el comienzo de una revolución. Ésta es la situación que que la prensa antifascista fuera de España ha tratado especialmente de ocultar.
TEDIO
En los periodos estacionarios de la guerra, hay tres cosas que todos los soldados anhelan: una batalla, más cigarrillos y una semana de permiso... Toda la milicia protestaba contra la inactividad y clamaba constantemente por saber por qué no se nos permitía atacar.
ZONA ROJA
Yo estaba integrando, más o menos por azar, la única comunidad de Europa occidental donde la conciencia revolucionaria y el rechazo del capitalismo eran más normales que su contrario.