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Ruta por la comarca
La naturaleza y sus caprichos dibujan en el Biello Aragón un lienzo repleto de siluetas y cromatismo. Sus pueblos, desde el más pequeño hasta el más cosmopolita surgen como paradas estáticas en el camino. Sus recursos turísticos, su gastronomía sólida y variopinta, y la vida social y cultural que despierta durante todo el año, lo convierten en un valle con una atracción inherente capaz de seducir al caminante, al gourmet y a todo aquel que atraviesa sus fronteras.
La carretera N-330 se adentra en el Valle del Aragón siguiendo paralela el curso del río que divide la comarca y del que recibe el mismo nombre. Tomar esta ruta de acceso puede servir como guía para atravesar los principales puntos y disfrutar en cada momento de la hospitalidad y belleza del valle.
Como punto de referencia ascendente tomamos la ciudad de Jaca, principal centro neurálgico del valle que, en este caso, servirá como inicio de este fascinante viaje. Esta es la vía más obvia, la que suele realizar el turismo masivo, también es la más cómoda ya que la carretera conductora está en perfecto estado.
Directamente desde Jaca, la primera parada la haremos en Castiello de Jaca. Este pueblo, declarado conjunto histórico-artístico cuyo origen se cree que fue forjado entorno al castillo del que apenas quedan restos, guarda el tipismo de una clásica localidad de montaña en la que destaca la Iglesia románica del siglo XII y las ermitas de San Bartolomé, La Virgen y Santa Juliana, también del XII. Desde Castiello se puede acceder, como desvío alternativo, al Coto Nacional de Caza de la Garcipollera y a una serie de pistas forestales que recorren todo el valle.
Las Cuevas de las Güixas
Situadas en las faldas del pico Collarada, junto a Villanúa, las Cuevas de las Güixas ofrecen un paseo repleto de recovecos, estalactitas, estalagmitas y chimeneas perfectamente iluminadas. Incluso en la cueva más amplia se ha acondicionado un pequeño escenario en el que todos los veranos se organizan conciertos de música clásica y tradicional. Un mágico espacio muy apropiado para adentrarse en la aventura con toda la
familia. Para concertar visitas llamar al refugio Sargantana (Canfranc) 974-373217. |
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Retomando nuevamente el camino llegamos a Villanúa, punto determinante en el Camino de Santiago. Merece hacer una parada pausada y callejear por el entramado de calles que nos recuerdan tiempos anteriores gracias al esplendor de la fuente de los cuatro caños, los escudos infanzones de casas, los estrechos pasos entre callejones o el ayuntamiento viejo con sus ventanales góticos y su portada. Sin duda, un lugar que ha sabido adaptarse al paso del tiempo con una infraestructura hotelera y de servicios tremendamente amplia.
Y llegamos a Canfranc, primero al pueblo y después a la estación. En este último, además de la estación modernista, embajadora por antonomasia, sobresale el puente romano o la torre de fusilería. En cualquier caso, son dos lugares con una atracción capaz de dejar boquiabierto al viajero más intrépido o al más curioso.
Finalmente, habiendo dejado a un lado Canfranc, la carretera va adquiriendo pendiente y curvas para llegar a Candanchú, uno de los puntos históricos del esquí en nuestro país que, además de invierno, disfruta durante todo el año de una afluencia de público intensa e inquieta. Y a partir de ahí, casi contigua, la estación de Astún, una de las apuestas del deporte blanco en Aragón.
Y nos queda, volviendo a Jaca, el tramo final del Valle. Siguiendo el curso del río Aragón y el antiguo Camino de Santiago la N-240 nos lleva a Santa Cruz de la Serós (no hay que dejar de visitar la Iglesia de Santa María, del Siglo XI), el Monasterio de San Juan de la Peña y finalmente, Puente la Reina de Jaca, salida del Camino de Santiago Aragonés a Navarra donde se une con el camino de Roncesvalles.
San Juan de la Peña
Muy cerca de Santa Cruz de la Seros se alza uno de los paraísos del románico cobijado bajo un enorme macizo: el monasterio de San Juan de la Peña. El edificio responde a una mezcla de estilos arquitectónicos que, unido al paisaje que lo envuelve, lo confirma como una de las obras más impresionantes de cuantas se erigen en el Pirineo aragonés.San Juan de la Peña, como muchos otros lugares, cuenta con una hermosa leyenda que dice que un tal Voto, mientras cazaba, cayó por un desfiladero y se salvó de un fallecimiento inminente al invocar a San Juan. En ese mismo lugar se alzaba uno de los centros culturales más importantes de la Edad Media. www.monasteriosanjuan.com |
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Jaca capital
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